Dilemas y estrategias
El combate estaba previsto en cuatro asaltos, uno por comunidad autónoma en danza electoral.
Empezando por Extremadura y acabando en Andalucía, el plan era derrotar a Pedro Sánchez una y otra vez para hacerle mella -complicado, conociendo al personaje- y, sobre todo, transmitir la certeza de que no hay más camino que el relevo, que el ciclo está acabado del todo, que cuanto antes se resuelva, mejor. Adelantemos elecciones allí donde se pueda, da igual el motivo, y a por ello. En Valencia no, mejor lo dejamos para cuando toque de verdad. El diseño, sobre el papel, que lo aguanta todo, era impecable. Y más cuando no hay nadie que lo pare, que haga ver que quizá tenga alguna fisura, que igual la realidad es más compleja que el deseo.
Recordarán algunos de ustedes a Pedro Arriola, el gurú que aupó a Aznar y a Rajoy, los dos únicos presidentes que hasta la fecha ha tenido el PP. Se lo cargó Pablo Casado, y así le fue, podría añadirse. No conozco bien los entresijos del PP, pero no hace falta profundizar mucho para intuir que falla la estrategia. No sé, por ejemplo, si Miguel Tellado es la causa o la consecuencia: podría ser cualquiera de las dos. De lo que sí estoy seguro es de que Pedro Arriola hoy no hubiera dado por bueno a un personaje tan desnortado. Fue un error adelantar las elecciones en Extremadura por mucho que el PSOE allí estuviera por los suelos.
Los escaños de un parlamento son siempre un juego de suma cero. Es decir, si un partido gana escaños es porque otro los pierde. No pueden ganar todos a la vez. Si Vox estaba al alza, es obvio que iba a arañar escaños a otras fuerzas políticas. Y pensar que iban a salir en su totalidad del PSOE es estar en Babia. Centrar, además, la última semana de campaña en el robo de unas papeletas que al final se habían llevado unos cacos de medio pelo, como si se tratase de unas elecciones organizadas por Maduro o por Putin, no fue muy inteligente. Como tampoco lo ha sido en Aragón, para intentar frenar el trasvase de votos, fichar a Los Meconios y a Vito Quiles, capaces de ahuyentar a cualquier persona mínimamente moderada. Las risas en las redes sociales, donde Vox y Alvise se mueven a sus anchas, retruenan todavía hoy. Se puede entender el nerviosismo. Es normal. Lo que no es normal es radicalizarse, porque ni van a engañar a los ya radicales ni van a conseguir que quien no lo es se acerque. Qué complicado dilema.