11/10/2019 / 16:17
Fernando Almansa


Imagenes

Aventar la parva

Quiero que el viento del sentido común ayude a separar lo accesorio de lo importante.


Me preguntan algunos lectores y lectoras por el significado de mi sección: “Aventando la Parva”; sobre todos lectores jóvenes que solo reconocen el “la” del titular, porque aventar les suena a viento pero sin más, y la  parva, ni se imaginan lo que puede ser. Algunos creen que hablo de parva como sinónimo de párvula, o persona pequeña o inocente. Pero no, hablo de parva que no es sino el montón de cereal y paja que se obtiene tras la trilla tradicional de las espigas, y que había que lanzar al viento, o aventar, para que el viento por suave que fuera separase la paja del grano.

Era una imagen que recuerdo de chico y me parecía maravillosa; incluso con la más imperceptible brisa, la paja se alejaba haciendo un montón aparte del grano que caía casi en vertical.

Los ojos lagrimeaban con el polvo fino de la paja, cuando a veces el viento se revolvía.

Y tras haber separado grano de paja, se ensacaba el grano en aquellos sacos alargados y que ya servían para medir por fanegas.

Todo ello, existía en nuestras tierras hace no más de cinco décadas, pero ya parecen recuerdos prehistóricos, sin ninguna conexión con el mundo actual de apps, webs y blogs…

Lenguajes que ya no se entienden en tan solo una generación de diferencia.

Mi sección se llama “aventar la parva” porque quiero que el viento del sentido común ayude a separar lo accesorio de lo importante, la paja del grano, y que con mi esfuerzo de lanzar al aire los temas que generan confusión y despistan, se pueda dilucidar un poco más la esencia de las cosas.

Algunos dirán que avento en contra del viento, o que solo lanzo la cebada y el centeno y no el trigo y la avena; y quizá sea cierto, porque recuerdo que el picor de la cebada en la piel, era mucho mayor que la del trigo o la avena que era casi inocuo a la piel. 

Sea como sea, yo continuaré aventando la parva para gusto de unos y lágrimas de otros, porque solo con ese esfuerzo podemos tomar conciencia de la realidad de las cosas en su esencia y no perdernos en lo superfluo o secundario.

No escribo para parvos, sino para ayudar a aventar la parva de quienes siegan, trillan, aventan y finalmente cosechan el fruto de su trabajo.


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