19/12/2020 / 10:13
Antonio Yagüe


Imagenes

Balances vacíos

  Los historiadores del futuro tendrán difícil separar lo cierto de lo falso, el grano de la paja, con tertulianos y periodistas forofos, casi ya como en fútbol.


Manda la legión de asesores monclovitas, ministeriales, autonómicos, diputacionales y municipales, afinando la pluma para ofrecer en sus discursos navideños balances estupendos de este año chungo (del caló hispánico “feo”) al que ansiamos ver doblar la esquina. Algunos se anticiparán al todavía Rey Felipe VI, que lo tendrá más crudo que nunca por el preceptivo control vicepresidencial podemista.

Todos intentarán achicar y endulzar errores, siempre de otros, claro. Luego pasarán a avances, retos y promesas. Puede ser como otro coronavirus aguantar en sus NO-DOs excusas, alabanzas y diatribas de una clase política que ha dividido y polarizado el país con el debate diario entre ser español y antiespañol. El viejo, cansino e indigesto juego de las dos Españas, incluso en Navidad. Algunos políticos ni se saludan entre ellos. Su orgullo, soberbia y mermada inteligencia les hacen olvidar que están ahí para solucionar nuestros problemas y no para convertirse ellos en el principal.

  Los historiadores del futuro tendrán difícil separar lo cierto de lo falso, el grano de la paja, con tertulianos y periodistas forofos, casi ya como en fútbol. Lo de “saldremos mejores” o “más fuertes” está en el plano de lo que debería ser. Ojalá sea. Los análisis históricos son elocuentes: el mundo no mejora tras un desastre, tiende a empeorar. Con el coronavirus sucederá lo mismo. 

A la hora de intentar atisbar cómo será la sombra del covid-19 en los próximos años es obvio que será más que alargada: no vamos a salir tan rápido de esta y 2021 también será un año difícil a la espera de que una vacunación suficiente o un tratamiento efectivo planten cara al virus.

El presidente Emiliano García-Page seguramente eludirá recaer en lo de “la bomba radioactiva (sic) vírica que se plantó en Madrid” y abundará en sus promesas de obras, cursos o algo, que le han granjeado el apodo de ‘El Ayudas’. El alcalde de Molina quizá reprometa el Parador de nunca acabar, los ediles de Orea y Alcoroches seguirán la pelea por el retén forestal y los de ayuntamientos sobrados (Maranchón, Milmarcos, Corduente o Tartanedo) fardando de mejoras. Atentos.


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