Buitres inocentes

03/10/2026 - 11:59 Antonio Yagüe

Félix Rodríguez de la Fuente se indignaría estos días ante la caterva de políticos, teles ‘sanchiindepes’, moradores y arrimados al campamento Maricarmen que involucran en prácticas de la selva inmobiliaria a los pobres buitres utilizando su nombre.

Son necrófagos, pero nobles, sabios, buena gente, limpios y ecologistas de primera que nos libran de la carroña y evitan la propagación de enfermedades, como mostró Félix en el mítico documental del Alto Tajo. Podemos contemplarlos cualquier día como estatuas sobre los riscos y en impresionantes vuelos por los cortados de nuestro Mesa desde Mochales a Jaraba. 

Los buitres no especulan con la vivienda o sus  nidos, ni los roban, ni compran carroña para revenderla más caras en tiempos de escasez, ni matan, ni tienen cuentas en paraísos fiscales ni muestran vicios humanos como el oportunismo, la avaricia y la codicia.

¿Qué pecado han cometido para que usemos  su nombre para describir comportamientos  financieros humanos execrables? No se lo merecen. Deberíamos dejar de insultarles y pedirles perdón por el uso de esta desafortunada metáfora admitida por la RAE en 2001.

Los defensores de estas grandes rapaces y del sentido común proponen que a estos fondos se les denomine (in)humanos, crueles, desalmados o simplemente “de ciudad”.

Los buitres de verdad y sus valedores quizá habría que buscarlos entre los partidos y políticos enzarzados estos días en ver quién es el más culpable de un problema sin parangón en la sociedad española. Faltan casas. Los datos oficiales muestran que la vivienda social construida desde 2021 apenas llega al 2% frente al 9% de la media europea.

Las responsabilidades empiezan por los ayuntamientos y los votantes propietarios de pisos. Presionan, según algunos estudios, para que no se construyan más viviendas y las suyas no pierdan valor. Igual, como plantean en Estados Unidos y otros países, habría que restarles competencias.