21/02/2020 / 11:08
Jesús de Andrés


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Comuneros

 El levantamiento comunero ha sido entendido de múltiples formas.


Se cumple el 500 aniversario del movimiento comunero y, al contrario de lo ocurrido con otras efemérides, todo apunta a que pasará sin pena ni gloria. Probablemente, no habrá discursos oficiales ni actos culturales rememorando aquello, pero tampoco lamentos ni reivindicación alguna. El levantamiento comunero ha sido entendido de múltiples formas: como el último movimiento de carácter medieval -una insurrección reaccionaria contraria a la subida de impuestos-, pero también como una revolución de corte preliberal, antiabsolutista, portadora de valores ligados a la libertad y la independencia. Como le suele ocurrir a la Historia en las interpretaciones realizadas desde el presente, a lo largo de estos siglos se han ido añadiendo significados de uno u otro cuño en función de los intereses del momento. Lo cierto es que, más allá de su razón última, las ciudades castellanas se levantaron contra el rey Carlos I, llegado a España apenas tres años antes, sin saber castellano, rodeado de nobles y clérigos flamencos y con la mirada puesta en su imperio europeo. El descontento provocado entre la baja nobleza y el pueblo llano se extendió como la pólvora, y la rebelión, liderada por Padilla, Bravo y Maldonado, se enfrentó a las tropas del emperador en Villalar poco más de un año después, el 23 de abril de 1521, siendo derrotada casi en su totalidad. Sólo quedó Toledo, que se rendiría unos meses después.

En torno a estos hechos se elaboraron interpretaciones políticas de distinto corte. Si para los intelectuales conservadores (los Menéndez y Pelayo, Menéndez Pidal o Pemán) lo importante era la visión imperial del rey Carlos, despreciando la acción comunera, para los liberales su reivindicación se mitificó, considerando a los comuneros mártires del absolutismo y portadores de valores democráticos. De ahí que el franquismo abominara del movimiento y que en la Transición resurgiera con fuerza. La derrota comunera, tras la muerte del dictador, fue conmemorada cada 23 de abril, celebrada en Villalar en una fiesta de restitución castellana. Los comuneros fueron protagonistas de símbolos y poemas, fueron letra del folk castellano, tan en boga en aquellos años. Nuevo Mester de Juglaría cantaría sus hazañas a la vez que se levantaban monumentos y estatuas.

La identidad castellana, rota en cinco comunidades autónomas (Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Cantabria y Madrid), expresó su protesta en la apelación comunera. En nuestra autonomía se tuvo inicialmente en cuenta esta identidad, de ahí que se denominara “Junta de Comunidades”, pero su carácter castellano quedó pronto aparcado para dar protagonismo al lado manchego. En 2004 se levantó un monumento en recuerdo de la Batalla de Villalar en el lugar donde tuvo lugar su derrota. En una placa resuena un verso del romance de Los Comuneros, de Luis López Álvarez: “Desde entonces Castilla no se ha vuelto a levanta.


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