Con sor María de Jesús
Cuando María de Jesús (López Rivas) de Toledo nació en Tartanedo (1560) las monjas eran mucho más importantes y numerosas. Hoy apenas suman 76.000 en el mundo, 23.865 de ellas en España, según el Anuario Pontificio.
Pero también lo tenían complicado. Su religiosidad era valorada de segunda tras el predominante clero masculino, pese a cumplir a rajatabla las virtudes monacales de humildad, austeridad, oración, penitencia, obediencia, caridad y castidad.
Puede que en aquella Castilla bajo el reinado de Felipe II a los vecinos o ‘almas’ de este histórico y peculiar pueblo ya se les designara con el gentilicio de chinganos, el alternativo oficioso de tartanos/tartanadenses o el comarcal de molineses.
Cuenta el escritor y profesor Teodoro Alonso Concha, natural de Tartanedo, que la ilustre hermana, beatificada en 1976 por Pablo VI, era de familia sonante en el pueblo, propietaria ella misma de casonas y tierras. Entregada a la causa carmelitana junto a Teresa de Cepeda alcanzó por su bondad e inteligencia el glorioso apodo de “Letradillo de Santa Teresa”, pues la ayudaba en todo, especialmente en lo tocante a las escrituras y recados.
Dicen que María de Jesús, mano derecha de la santa de España por antonomasia y epítome del misticismo con San Juan de la Cruz, leyó en primicia y hasta le corrigió algún renglón de ‘Las Moradas’, escrito precisamente en Toledo. Casi nada.
El sábado 14 de noviembre se celebra en Toledo el 50 aniversario de su beatificación. Su figura bien se merece la fervorosa y festiva movilización del centenar largo de hijos y oriundos de Tartanedo, otros fieles de la comarca y autoridades religiosas y civiles provinciales y autonómicas.
No estaría por demás rogarle de paso a la beata paisana que nos eche una mano ante las adversidades de la vida y el presente pifostio político.