15/11/2019 / 12:45
Jesús de Andrés


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Cría cuervos

El abandono del centro -ocupado por Ciudadanos- condujo en abril al PP a un resultado desastroso (66 diputados, viniendo de 137). 


Y te sacarán los ojos. En ello debió pensar, aunque es posible que no se haya dado por aludido, Pablo Casado, líder del Partido Popular, el pasado domingo tras el resultado electoral. Vox no ha sido un partido de nuevo cuño sino una escisión del PP que ha conseguido 52 escaños, ha ganado en territorios tradicionalmente populares como Murcia, ha conseguido representación en 33 circunscripciones y ha sido la primera fuerza política en 284 municipios (36 de ellos de más de 20.000 habitantes). En Guadalajara ha sido la segunda opción más votada tras el PSOE, desbancando al PP y obteniendo la victoria en 33 ayuntamientos, como Alovera o El Casar. De hecho, la localidad con el mejor resultado de toda España ha sido Condemios de Abajo, con casi un 70% de los votos.

Las razones que explican cómo se ha llegado hasta aquí son claras: una mezcla de situaciones y errores tácticos cometidos por el PP que han facilitado el cisma, la perdida de la fidelidad del voto y la ruina electoral que la veintena de nuevos diputados conseguidos no consigue ocultar. El principal error fue abandonar el espacio de centro para radicalizarse después de la etapa Rajoy. Pablo Casado -al igual que sus seguidores- siempre se ha sentido cómodo en ese espacio y en ese discurso agresivo, impregnado de un nacionalismo español radical en el que, aunque lo intente, no puede competir con Vox. Normalizarlo cuando era un partido minúsculo, compartir manifestación en Colón, tratarles de tú a tú como si fueran un hermano pequeño al que recurrir para componer alianzas y no una amenaza a punto de desarrollarse, ha sido el segundo gran error.

El abandono del centro -ocupado por Ciudadanos- condujo en abril al PP a un resultado desastroso (66 diputados, viniendo de 137). Aquellos gritos de “a por ellos” para despedir a las fuerzas de la Guardia Civil que iban a Cataluña alimentaron al monstruo que estaban creando. Es posible que más de un concejal de los que participaron en aquellos actos se haya arrepentido a estas alturas. Lejos de dimitir, Casado corrigió el rumbo en las elecciones municipales y autonómicas, recuperando algo de fuelle. Pero el mal estaba hecho: en estas elecciones, tras los disturbios de Barcelona, el monstruo era incontrolable, imposible de detener. Tanto es así que, confundido y desnortado, el líder del PP abandonó a mitad de campaña su fingida moderación para pasar al cuerpo a cuerpo en la lucha por demostrar quién es más de derechas. La debacle de Ciudadanos y el voto útil han disimulado la realidad, pero no por ello deja de ser real. El mismo Abascal que fue vitoreado al salir de la plaza de toros de Guadalajara ha conseguido un escaño para un tipo que sólo ha venido aquí de caza. Pocas cosas nos pasan.


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