Cuando Osuna se unió a Infantado


Los Osuna provenían, al igual que los Mendoza, de una familia con una larga lista de personajes realmente importantes, como el III duque de Osuna, que fue virrey de Nápoles. O los IX duques, ilustrados y mecenas de Francisco de Goya, artífices del jardín de El Capricho de la Alameda de Osuna.

En 1841 fallecía a los 73 años Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm, XIII duque del Infantado. Y lo hacía sin haberse casado nunca. Que un noble permaneciera soltero toda su vida no era lo común, ya que una de las “obligaciones” de la nobleza era dar continuidad al linaje a través de sus descendientes. Aunque con esto sí que cumplió, ya que tuvo dos hijos ilegítimos fruto de una relación amorosa: Manuel y Sofía, a los que reconoció posteriormente. 

Antes de la muerte del duque ya había mucha expectación sobre quién heredaría los títulos. El pariente que tenía todas las papeletas de ser el elegido era su sobrino nieto Pedro de Alcántara Téllez-Girón, duque de Osuna. Tras la muerte del XIII duque se produjo uno de los pleitos más sonados de la época, y es que tanto su hijo Manuel como el duque de Osuna reclamaban ser merecedores del título de duque del Infantado. Finalmente fue Pedro de Alcántara Téllez-Girón el que lo ostentó, pasando a ser, además de XI duque de Osuna, XIV duque del Infantado. 

Ambos linajes pertenecían a los más antiguos de nuestra nobleza, y sus casas eran de las más importantes y poderosas de España. La unión de ambas en 1841 hizo que su poder aumentara de una manera inimaginable, convirtiéndose en figuras de primer orden en nuestro país y también fuera de él. Los duques fueron miembros destacados de la sociedad y la política española, parisina o incluso de la rusa.

Escudo de los Osuna-Infantado.

Pedro de Alcántara se sentía orgulloso de ser duque del Infantado. Por ello encargó a uno de los mejores pintores del siglo XIX en España, Federico de Madrazo, un retrato suyo en el Patio de los Leones del Palacio del Infantado. Era toda una declaración de intenciones: con este retrato quedaba claro quién era el verdadero duque. Una elegante bofetada a Manuel, el hijo natural de su tío abuelo.

Los Osuna provenían, al igual que los Mendoza, de una familia con una larga lista de personajes realmente importantes, como el III duque de Osuna, que fue virrey de Nápoles. O los IX duques, ilustrados y mecenas de Francisco de Goya, artífices del jardín de El Capricho de la Alameda de Osuna.

Tradicionalmente el ducado de Osuna ha pertenecido al apellido Girón, el cual todos sus miembros han llevado con orgullo al tratarse del reconocimiento del rey Alfonso VI al conde Rodrigo de Cisneros y su heroica hazaña cuando, en la Batalla de la Sagra de 1085 entre cristianos y árabes, este conde salvó la vida del rey otorgándole su caballo para que pudiera escapar. Antes de que el rey partiera, el conde cortó tres jirones de la sobrevesta real. Cuando se encontraron posteriormente, el conde le presentó los jirones cortados para que lo reconociera, y el rey le otorgó, en agradecimiento, el apellido Girón, incorporando en el escudo familiar este elemento, luciendo desde entonces tres triángulos rojos que representan los tres jirones.

Apellidos Girón y Mendoza (remarcados en rojo) en un mismo escudo tras la unión de las casas de Osuna y del Infantado.

Es curiosa la similitud con la historia del lema “Ave María” de los Mendoza, el cual también lo consiguieron durante una batalla –la de El Salado de 1340-. En este caso fue Gonzalo Ruiz de la Vega quien capturó a un árabe que llevaba atado en la cola de su caballo un pergamino con las palabras “Ave María”. El señor de la Vega, tras dar muerte al enemigo, cortó la cola del caballo para recuperar el pergamino, y Alfonso XI incluyó el emblema en el escudo de los Mendoza.

Al lema “Ave María” se unió el de “Más vale volando” de los Osuna. Cuando un antepasado portugués, Juan Alfonso Pimentel, abandonó Portugal para instalarse en Castilla y probar suerte, abandonando a su rey al no estar de acuerdo con él, éste le recriminó lo que iba a hacer, recordándole el refrán de “más vale pájaro en mano que ciento volando”, a lo que el noble le respondió con un “más vale volando”, haciendo alusión a las oportunidades que le esperarían en Castilla, las cuales estaría dispuesto a aprovechar a pesar de no ser seguras. Estaría dispuesto a aventurarse porque en la vida, quien no arriesga, no gana. Y ellos ganaron.

Retrato de Pedro de Alcántara Téllez-Girón, XIV Duque del Infantado. Obra de Federico Madrazo en 1884.

La unión Osuna-Infantado duró poco, pero eso será contado en otra ocasión.