23/11/2020 / 14:00
Manuel Ángel Puga/Pedagogo y escritor


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Cuando se deshereda a los hijos

La falta de cariño y respeto hacia las personas mayores, por parte de los jóvenes, es señal clara de decadencia. Un ejemplo nos lo ofreció Roma, cuando se presentía la caída del Imperio.


Es una mala noticia que algunos padres hayan comenzado a desheredar a sus hijos. Y es una mala noticia por cuanto pone al descubierto lo enferma que está nuestra sociedad, cuando en ella hay hijos que abandonan a sus padres e incluso en ciertos casos los maltratan. Pese a lo complicado que resulta, sería interesante buscar razones que puedan explicar este lamentable hecho. 

Por instinto y por ley natural nada quieren más unos padres que a sus hijos. Recordemos que los animales dan su vida por defender a sus cachorros. Y en la especie humana se han dado casos de padres y de madres que perdieron su vida por salvar la de sus hijos. Lo lógico y normal es, pues, que los padres quieran a sus hijos. Sin embargo, cuando esos padres se sienten abandonados por sus propios hijos o, lo que es mucho peor, cuando tienen que padecer sus malos tratos físicos o psíquicos, no es de extrañar que digan hasta aquí hemos llegado y, en consecuencia, decidan romper con esos hijos y desheredarlos. Por supuesto, tiene que ser una decisión muy dolorosa, amarga y traumatizante, porque ningún padre quisiera llegar a semejante extremo.

La falta de cariño y de respeto hacia las personas mayores, por parte de los jóvenes, es señal clara de decadencia. Siempre que en una sociedad el elemento joven menosprecia a sus mayores es porque viven y sienten un ambiente de decadencia. Un clásico ejemplo nos lo ofreció Roma, cuando se presentía la caída del Imperio bajo el poder de los bárbaros. Narran algunos historiadores de la época que los jóvenes romanos, antes tan obedientes y sumisos, empezaron a perderles el tradicional respeto al “pater familias” cuando se hizo patente la caída del Imperio… Ahora se hace patente otra caída: la de Occidente. Su caída ya ha comenzado, y las consecuencias las empezamos a sentir todos. Unos de una manera; otros, de otra. 

Desde hace años se viene atacando a las familias y se vienen favoreciendo las separaciones matrimoniales (recordemos el llamado “divorcio exprés”), lo cual deja tristes secuelas en los hijos. Muchos niños y niñas no aciertan a comprender qué ha ocurrido, pero ven cómo se ha roto su familia y cómo les cambia la vida. El dolor y la amargura que sienten se suele convertir en rebeldía, intolerancia y falta de respeto, particularmente hacia el progenitor que consideran culpable del desastre familiar. Y si a esto le añadimos el actual ambiente social de falta de consideración y de respeto hacia las personas mayores, comprenderemos la actitud negativa de algunos hijos con respecto a sus padres y, en consecuencia, el que estos decidan desheredarlos.

Como es sabido, los fenómenos sociales son muy complejos porque no obedecen a una sola causa, sino a un amplio conjunto de ellas. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con el hecho de que algunos padres hayan empezado a desheredar a sus hijos. Es muy probable que llegasen a tal situación debido a su errónea labor educativa. Padres ha habido que iban al colegio o al instituto para increpar y amenazar a los profesores de su hijo, a causa del menor conflicto surgido. Criaron así unos hijos consentidos y superprotegidos que hoy se consideran con derecho a todo, incluido el de poder maltratar a sus padres.

Otra razón que ayudaría a explicar el hecho que venimos comentando es lo ocurrido hace años, cuando se supervaloraban los derechos de los padres (con el propósito de ganar sus votos) mientras se recortaban e infravaloraban los derechos del profesorado (que representaba muchos menos votos). Con esta política quedaba muy mermada la actuación pedagógica de los profesores, al tiempo que se imponían las decisiones y criterios de los padres de familia. La consecuencia fue que se favoreciese la crianza de unos hijos que se creen ahora con derecho a hacer todo lo que les venga en gana, incluso a no respetar a las personas mayores o maltratar a sus propios padres… Como no podía ser de otra manera, “de lo que se siembra se recoge”.

Y a lo anterior aún habría que añadir que detrás de estos casos, es decir, detrás de esos hijos consentidos desde que eran niños, suelen estar la droga y el alcohol. Como podemos observar, el hecho de que algunos padres hayan decidido desheredar a sus hijos resulta bastante complicado de explicar. Como fenómeno social que es se presta a múltiples interpretaciones. Pero, en cualquier caso, es un hecho que está ahí, y al que se hace difícil encontrarle una solución eficaz e inmediata… Si explicarlo es difícil, resolverlo es mucho más.


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