De excursión a Guadalajara en el siglo XIX


En 1893 se fundó en Madrid la Sociedad Española de Excursiones. Operativa hasta 1954, la sociedad tenía un “carácter histórico, científico, literario y artístico”, tal y como quedó reflejado en su reglamento. 

Su objetivo era el de estudiar España desde todos sus aspectos, principalmente desde los que acabamos de mencionar.

Para difundir los estudios realizados se publicó, desde 1893 y hasta 1932, el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, donde los eruditos, expertos y estudiosos escribían artículos y añadían fotografías y grabados que ofrecían un catálogo testimonial de lo explicado. Y, por supuesto, estaban las excursiones. Con ellas se pretendía conocer la geografía española haciendo una especie de visitas guiadas de un día a distintas localidades del país, acompañados de expertos que pudieran explicar e interpretar el patrimonio atesorado en cada una de ellas. Tras las excursiones, se escribía un artículo en el boletín para dar a conocer lo que habían visto. 

Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. Tomo 1. 1893-1894.

El mismo año que se fundó la sociedad se planificó una excursión a Guadalajara. Con salida desde la estación de Atocha de Madrid a las 7 de la mañana, el domingo 7 de mayo de 1893 se visitarían varios monumentos, tal y como lo anunciaron en el boletín: el palacio del Infantado, la iglesia de San Ginés, el instituto Brianda de Mendoza (hoy Liceo Caracense), la Escuela de Ingenieros Militares, y algún edificio más. La cuota de la excursión fue de catorce pesetas por persona, y con ella se pagaba el viaje de ida y vuelta en segunda clase, el almuerzo en Guadalajara y las gratificaciones, volviendo todos a Madrid sobre las siete u ocho de la tarde. Posteriormente se escribió la crónica correspondiente del viaje.

Tres años después, el 19 de abril de 1896, se hizo otra excursión a nuestra ciudad. El arquitecto Vicente Lampérez firmó un artículo en el boletín narrándola. En esta ocasión los “turistas” tuvieron la suerte de contar entre los excursionistas con Ricardo Velázquez Bosco, el arquitecto que estaba levantando por aquel entonces el panteón de la duquesa de Sevillano además de realizar en Guadalajara otras obras, como la remodelación del palacio de la misma duquesa, o la ampliación del antiguo convento de la Piedad. Pero Lampérez no se quedaba atrás en importancia. Discípulo de Velázquez Bosco, trabajó para el XVII duque del Infantado, Joaquín de Arteaga, reconstruyendo y rehabilitando varios de sus castillos y palacios, como el palacio Xifré de Madrid, el castillo de Manzanares el Real o el de la Calahorra en Granada.

Dibujo de la capilla de Luis de Lucena publicado en el Museo Universal en 1865.

Cuenta Lampérez en su crónica del viaje que la primera parada fue la iglesia “del Fuerte”, para admirar en ella una pintura sobre tabla del siglo XV que representaba una milagrosa operación quirúrgica efectuada por los santos Cosme y Damián. De ahí fueron a visitar la iglesia de Santa María, nuestra actual concatedral. Pero a Lampérez lo que le llamó más la atención fue la capilla de Luis de Lucena, “una de las mayores curiosidades que, en mi opinión, encierra Guadalajara”, escribía. Tras asistir a misa en la desaparecida iglesia de Santiago -que se encontraba prácticamente adosada al palacio del Infantado-, fueron hacia el palacio, “a contemplar el monumento de mayor importancia que conserva Guadalajara”. Pudieron ver lo que nosotros, debido a los desastres de la Guerra Civil, ya no podemos: “suntuosísimos artesonados, de más riqueza que gusto; talaveranos frisos de cerámica esmaltada, y notables techos decorados con adornos de estuco y pinturas al fresco”. 

Ricardo Velázquez Bosco.

El grupo se dirigió después a visitar “una obra de arquitectura moderna”. Lampérez explica que “en la parte más alta de la ciudad constrúyese actualmente una suntuosa capilla destinada a mansión fúnebre de los excelentísimos señores condes de la Vega del Pozo”. Y es que se dirigían, como no podía ser de otro modo, al panteón que estaba construyendo Ricardo Velázquez Bosco para la duquesa de Sevillano. Todavía no estaban colocados ni los mármoles ni los mosaicos, pero el arquitecto les explicó todo con todo lujo de detalles, tras lo cual “con verdadero entusiasmo fue felicitado por los excursionistas”.

Vicente Lampérez y Romea.

Lamentándose porque no pudieron ver el resto de monumentos que tenían planificado visitar, el grupo volvió a Madrid, comentando en el trayecto “las impresiones de tan instructiva jornada”. Y es que nuestra Guadalajara enamora a todo aquel que la visita desde tiempos remotos.