Un sepulcro para Santa María Micaela
El 24 de agosto de 1865 fallecía en Valencia, “víctima de la caridad”, María de la Soledad Micaela Agustina Antonia Bibiana Desmaissières y López de Dicastillo, vizcondesa de Jorbalán y santa de la Iglesia Católica.
La vizcondesa tuvo una vida muy activa, permaneciendo largas temporadas en París junto con su hermano Diego, embajador de España en Francia. Cuando este murió, ayudó a su cuñada con la crianza de su ya única hija, María Diega Desmaissières y Sevillano, futura duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo, a quien influyó profundamente.
Y es que desde muy joven María Micaela se sintió atraída por la idea de ayudar a los más desfavorecidos, centrándose en los enfermos de cólera, epidemia que asoló España en el siglo XIX causando miles de muertes. Ella proporcionaba cuidados, pero también compañía a los infectados.
Tras una visita al Hospital de San Juan de Dios en Madrid encontró otro sector de la sociedad que la necesitaba: las prostitutas. Mujeres pobres que no tenían otro modo de sobrevivir, pagando por ello un alto precio: las enfermedades venéreas que contraían a manos de sus clientes. Por ello, decidió fundar una casa colegio para que estas mujeres pudieran aprender un oficio que les permitiera cambiar de vida.
Fotografía de Antonio García Peris que muestra el cuerpo de María Micaela tras su exhumación en 1891.
Su dedicación a los demás le llevó a fundar, en 1845, la Congregación de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. María Micaela pasó a ser entonces la Madre Sacramento, dejando de lado definitivamente su vida nobiliaria y entregándose a la vida religiosa. Tras el colegio de Madrid surgieron otros en Zaragoza, Valencia, Santander, Burgos, Barcelona o Guadalajara.
En agosto de 1865 la cólera azotaba la ciudad de Valencia, donde se encontraba uno de los colegios. Varias religiosas acabaron contagiándose, y la Madre Sacramento fue allí para hacerse cargo de las enfermas. Llegó el día 22, y el día 24 por la mañana comenzaron los primeros síntomas de la enfermedad, muriendo a las doce de esa misma noche. Sus restos mortales fueron conducidos al Cementerio General y depositados en un nicho.
Sepulcro de María Micaela, obra de Agapito Valimitjana I Barbany, antes de su modificación.
Años después la casa de las Adoratrices de Valencia se trasladó a la calle Hernán Cortés, donde todavía hoy permanece. Con el traslado, las Adoratrices quisieron tener más cerca los restos mortales de su fundadora, y en 1891 se exhumó el cadáver, el cual fue expuesto para su veneración. Conservamos una fotografía de Antonio García Peris que muestra los restos de María Micaela ricamente vestidos descansando sobre un lecho con inscripciones bordadas: en la parte inferior “M. Desmaisières”, y en la parte superior, “Adoratrices”.
Las religiosas querían que su fundadora tuviese un sepulcro digno de sus virtudes. Su sobrina, la duquesa de Sevillano, encargó un gran mausoleo de mármol de Carrara al escultor Agapito Vallmitjana i Barbany. Terminado en marzo de 1895, sus laterales contenían relieves que narraban la vida de la fallecida. Uno de ellos representa una de las visitas de María Micaela al Hospital de San Juan de Dios, cuando todavía era una noble, apareciendo con un rico vestido de la época. En el otro aparece una capilla donde varias religiosas Adoratrices realizan la adoración nocturna al Santísimo.
Sepulcro de Santa Micaela en la actualidad.
Sobre el sepulcro se labró la figura de María Micaela en actitud de orar. Una efigie fidedigna, a pesar de que el escultor no conoció a la representada. Y es que para realizarlo se inspiró en el retrato que de ella pintó Luis de Madrazo por orden de Isabel II, justo el año que María Micaela murió.
En 1913, la Madre Sacramento fue declarada venerable por el papa, siendo beatificada en 1925 y canonizada en marzo de 1934. Esto hizo que muchas personas peregrinaran a Valencia a visitar a la ya santa María Micaela. Por ello, y para poder venerar mejor el cuerpo, se modificó el sepulcro. Se quitaron los laterales de mármol, los cuales se exponen actualmente en las paredes de la capilla, y en su lugar se colocaron unos cristales que permiten ver el interior de la sepultura y la representación de la imagen corpórea de la santa. El mausoleo se trasladó a un lugar más visible de la iglesia de la Congregación, donde todavía hoy recibe cientos de visitas de curiosos y de fieles que quieren acercarse a esta figura de santidad.