Docentes cateados
El mal viene de lejos. Ya en 2011 un 86% de opositores a una plaza oficial de maestro en Madrid fueron cateados en un test con preguntas de nivel de alumnos de 12 años.
Sólo el 2% respondió correctamente por qué provincias pasan los ríos Duero, Ebro y Guadalquivir, y apenas el 9% supo cuál era el equivalente en gramos a dos kilogramos y 30 gramos.
Los primeros datos de las oposiciones a docente de primaria recién celebradas en buena parte de España han desatado todas las alarmas por la oleada de suspensos, superiores al 60%, en Murcia, Asturias, Castilla y León y Castilla-La Mancha.
La escabechina ha puesto de relieve -según los tribunales- “una preparación insuficiente, problemas de expresión y comprensión lectora y ausencia de signos de puntuación”.
Los examinandos critican el sistema de oposiciones con viejos temarios y algunos sindicatos califican de “escarnio” que se hagan públicos los resultados de la prueba.
Ha trascendido que estos opositores graduados (con 23 años como poco) mostraron reiteradas faltas de ortografía increíbles como “glovo, “huebo”, “encayar”, “vallena”, “optener”, “surga”… Auténticas burradas.
Los puntillosos del mundo educativo cuentan que han visto cómo ha empeorado el nivel generación tras generación. Culpan a la Logse (ley 1990-2006) y temen por la educación del futuro.
De todos es sabido que la ortografía se normaliza mediante la escritura y la lectura. Además de cierto conocimiento de normas elementales del origen filológico de las palabras (¡qué bien nos vino ese latín!). Las faltas, como la fiebre, son el reflejo de ineptitudes más profundas. El drama del desconocimiento ortográfico es el escaparate de una crisis educativa de amplio calado.
Algo tendrá que ver la calidad de maestros y maestras. Requieren, y no deberían, la nota de acceso más baja de los campus. Parece que la vocación profesional de antaño está moribunda.