Ecologistas de pueblo

28/08/2026 - 18:11 Antonio Yagüe

Ahora va a resultar que, sobre todo en los pueblos, éramos verdaderos ecologistas sin saberlo. Y que durante décadas muchos españoles ya vivíamos de manera naturalmente sostenible a tope.

Entonces se reutilizaban los envases de cristal (de leche, cerveza, vino, refrescos, yogur…), se compraba a granel, se iba a por huevos con capazo, cesto de mimbre con paja o una especie de maletín para que no se rompieran.

También se priorizaba la reparación en lugar de desechar zapatos, relojes y los escasos aparatos y  electrodomésticos. Por los pueblos venía un ciacero que remendaba con lañas o grapas tinajas, orzas, barreños, cociones, fuentes y hasta orinales. Los guarnicioneros hacían lo propio con albardas, quitapones y arreos de caballerías, y los estañadores con los utensilios metálicos. Se remendaban pedugos, jerséis, pantalones, coderas y rodilleras.

Los alimentos se consumían al máximo y las sobras se utilizaban para nuevas recetas obligadas, minimizando los residuos para comida del perro y el gato. Las compras se hacían en el pueblo/barrio o mercado local y así se reducía la huella de carbono asociada al transporte.

Resulta que la UE ha puesto en marcha otra reforma ambiciosa de sostenibilidad con la aprobación de un rimbombante y farragoso reglamento conocido como PPWR, es decir, una normativa presuntamente sostenible aplicable a envoltorios, sobres y estuches que contienen alimentos.

A partir de septiembre los envases de un solo uso quedarán mucho más limitados. El sector deberá ofrecer alternativas más sostenibles como dispensadores reutilizables, envases colectivos y materiales no plásticos. O sea, que volvemos a los saleros, azucareros y vinagreras pringosas de uso colectivo, prohibidas en su día por poco higiénicos.

A más largo plazo los hoteles y similares también deberán eliminar los envases monodosis destinados a uso individual cortesía de la casa. 

¿Persiguen una vuelta al ecologismo auténtico? Ya  veremos.