Viva San Roque
Como un hermano menor San Roque conforma el póker de los santos veraniegos, tras el patrono de los solsticios San Juan, la marinera y molinesa Virgen del Carmen y Santiago patrón de los peregrinos.
Los cuatro son celebrados por toda la geografía hispana, especialmente en la comarca. Más que santos son vecinos de los pueblos que los veneran. Por algo estos días que conmemora el santoral cristiano eran de fiesta, jarana, celebración grande, traje de comer fideo gordo y mesa bien surtida.
San Roque no deja sola a la Virgen de agosto que en cada pueblo elige nombre, aunque el primero y original sea María. Como la de tanta devoción de Jaraba. Sintetiza el verano fiestero, especialmente en Aragón y aledaños, donde algunos lo sitúan por encima de San Jorge y propugnan que sea su Día de la Comunidad, con perdón de instituciones cada día más chochas con la cosa identitaria.
Siempre me cayó bien este santo francés de Montpellier, viajero, ilustrado, algo librepensador y curioso merodeador de los caminos combatiendo milagrero la peste negra que como una plaga bíblica castigó a Europa.
Los predicadores de antaño destacaban en sus sermones su llaga lacerante en la rodilla y su perro escolta y mascota, lamiendo su herida abierta como remedio para que cicatrizara.
San Roque ha sido un día muy grande. En mi pueblo se paralizaba la trilla y otras faenas del campo, se acudía a recibir su bendición en romerías y a bailar a los pueblos que lo celebraban con más intensidad.
Soñando me lo encontré el otro día en Labros descansando en su pairón. Conversamos unos vinos en la tienda/taberna del tío Guillermo. Hablamos de cosas divinas y mundanas. Luego siguió su camino. Le lancé un ¡viva San Roque!, se revolvió moviendo el báculo y desapareció por el horizonte de Carramilmarcos.