Septiembre depresivo

05/09/2026 - 12:00 Antonio Yagüe

Se van yendo las aves veraneantes y se quedan  más solitarias las residentes todo el año. Se fueron las cigüeñas y ahora lo están haciendo lo mirlos, ruiseñores/ronjiñones, abejarucos y las golondrinas y codornices supervivientes. Tienen por delante un largo viaje hasta sus hogares africanos.

  Parece que ni las que parten ni las que se permanecen (gorriones, palomas, alguna urraca) sufren el síndrome postvacacional que atenaza a los humanos con trabajo o de las llamadas bajaciones y a los millones de escolares obligados a volver de punta cabeza a las aulas.

  Dicen que la vuelta a casa para quienes se han tomado unos días de asueto desencadena síntomas como somnolencia, debilidad generalizada, irritabilidad y problemas de concentración.

  La ‘depresión’ de septiembre, según las redes sociales y sus inevitables influencers, también atrapa a las mascotas con los perros a la cabeza, ahora más familia que muchos hijos.

  Los veterinarios describen en las mascotas  alojadas en ‘hoteles’ o con familiares cambios de comportamiento relacionados con la ansiedad por separación; maullidos y ladridos continuos, micciones fuera de sitio… Han publicado guías para afrontar el síndrome. Aconsejan retomar las rutinas poco a poco, lo que les ayudará a adaptarse gradualmente.

  Puede que los políticos, hayan veraneado en La Mareta como Sánchez, en Galicia como Feijóo,  en Cádiz como Abascal o donde haya sido como Page, también anden necesitados de ayuda psicológica o de otras vacaciones para descansar de estas. Mi madre decía (seguramente para animarnos al trabajo) que no hay nada más cansado que las fiestas.

El otro día advertía una amiga cursilona que la vuelta del veraneo tiene sabor a fin de año, una especie de Nochevieja de estío, pero sin uvas ni campanadas. En un pueblo del Señorío unos veraneantes frikis lo festejaron un año con ellas y champán. Hicieron la risión. No han repetido.