Ligues veraniegos

22/08/2026 - 15:24 Antonio Yagüe

Dicen los que saben, encabezados por el gran Mario Benedetti que tanto escribió sobre el amor, que los romances de verano se quedan a perpetuidad en nuestra cabeza. A veces acompañados de aquellas pegadizas canciones promocionadas por las discográficas.

Era y quizá sigue siendo el peligroso primer amor adolescente, azuzado según los científicos por la principal hormona del amor y del deseo sexual, la testosterona, que alcanza el nivel más alto en agosto.

Los científicos aclaran que muchos de estos ligues caniculares se desvanecen cuando acaba el estío. Son -explican- como “un espejismo”, con el consiguiente riesgo de que uno de los dos se quede “colgado”.

Parece que estos calentones de una noche o  aventuras que no pasan de las vacaciones resisten en el tiempo, pese a que las nuevas tecnologías con sus apps, instagrames, tinderes  y otras aplicaciones de ligoteo se imponen a los rituales tradicionales del ‘apareamiento’. 

Antes se iniciaban con un flirteo del tipo “quieres salir conmigo” y alguna llamada telefónica con una incierta y nerviosa espera en la que había que pasar el filtro del padre y de la madre quizás escuchando por el otro teléfono de la casa.

Antaño, a falta de eclipses, las llamadas lágrimas de San Lorenzo también ayudaban al acercamiento. Y los paseos por la playa, excursiones y merendolas. No digamos los guateques y bailes agarrados.

Seguro que Cupido se desplazó con el eclipse oficial al alcarreño Observatorio Astronómico de Yebes. Cuentan que hubo un fiestón con barra libre, paella valenciana y cena tipo cóctel  hasta al amanecer. Presididos por Diana Morant, Marlaska y otros dos ministros, unos 300 invitados siguieron eclipsándose a los sones indies de La Habitación Roja. Page, con guiño electoralista, la esquivó. 

Festejos y ligues agosteños saben mejor disparando con pólvora del Rey. La factura, 72.358 euros, es peccata minuta.