Vuelven las cartas

12/09/2026 - 12:39 Antonio Yagüe

Un cartero turolense amigo, con 40 años largos de oficio, lamentaba al jubilarse el pasado diciembre que ya casi nadie escribe cartas. Ni de pésame, ni para felicitar o reprobar algo y ni siquiera de amor o más atrevidas entre amantes lanzados.

Las cartas de puño y letra han sido barridas por correos electrónicos, wasaps y videollamadas. Y por burofax y fríos impresos impersonales de las administraciones, empresas y particulares. Según datos oficiales, apenas unos 6 millones de españoles enviaron en 2025 una carta de forma ordinaria.

Cuentan que algunos turistas nostálgicos han puesto de moda mandar postales, incluso a sí mismos, como recuerdo o souvenir de su paso por turísticas y emblemáticas ciudades. Los jóvenes de otro tiempo era lo primero que hacíamos a la mínima excursión.

Una radio relata que el intercambio epistolar (tan antiguo como la propia escritura) es una tendencia al alza entre la llamada Generación Z (nacidos entre 1995-2000). Sería una manera de desconectar de las redes sociales y de relacionarse con las personas más allá del mundo digital hiperconectado con teclados y pantallas.

Así han surgido los llamados clubs de correspondencia, defensores de una comunicación a distancia con papel, más honesta y para reavivar una conexión humana que las redes parecen haber deformado.

Los geriatras aplauden este retorno al pasado. A su juicio ni crucigramas, sudokus o leer: escribir a mano influye más directamente en el funcionamiento cognitivo, es la actividad que los mayores de 60 deben hacer diariamente para fortalecer la memoria y la atención.

Según las encuestas, uno de cada tres adultos no ha garabateado ni la lista de la compra en los últimos seis meses.

A los modernos pedagogos también les chifla. 

La ciencia confirma que usar lápiz y boli favorece una mayor conectividad cerebral.

Ojalá la primitiva escritura analógica vuelva para quedarse.