Eclipsados

15/08/2026 - 10:26 Jesús de Andrés

Tantas semanas oyendo hablar del eclipse al final llegó a generar sentimientos encontrados. Para unos, entusiasmo; para otros, contrariedad; para algunos más, indiferencia.

Es lo que tienen los acontecimientos tan mediatizados. Quizá fueron los primeros, los más apasionados, los más visibles: por la retroalimentación con los medios de comunicación, por tratarse de algo positivo, ligado al conocimiento científico. Su expectación dio lugar a reservas de alojamiento, a la búsqueda de las gafas adecuadas, a la elección del lugar donde verlo, al seguimiento maniático de la previsión meteorológica. La saturación informativa provocó que otros acabaran hartos, empachados de sol y luna. Puedo entenderles porque veo poco la tele, pero estos días era ponerla a cualquier hora y toparse con el eclipse. Y luego estaban los indiferentes, a los que les daba lo mismo verlo que no.

Los primeros, salvo imposibilidad laboral o física, allá fuimos, faltaría más. El resto, pues como en todo, unos sí, a regañadientes, y otros no. Es cierto que nos lo habían contado tantas veces que parecía que íbamos a ver algo supuestamente conocido. Aun así, la sorpresa fue mayúscula en su momento culminante. Y mayor aún fue la de quienes se habían mantenido al margen y descubrieron que la experiencia personal estaba más allá del atracón mediático y, sobre todo, muy por encima de sus resistencias. Prácticamente nadie, salvo los profesionales de la cosa y los muy viajados, había vivido algo igual. A todos nos maravilló. Nadie pudo anticipar la sensación, por mucho que Lorenzo Milá nos hiciera espóiler en las semanas previas. Todos sentimos, en el momento mágico del eclipse, al retirarnos las gafas, asombro, emoción y sobre todo, esa misteriosa sensación de pequeñez ante la grandeza del universo, como si descubriéramos de golpe que no somos más que una minúscula partícula en un planeta diminuto alrededor de una pequeña estrella en una insignificante galaxia periférica.

Los que no han fallado han sido los de siempre, cada uno con su raca-raca particular: que si el presidente va o viene, que si quiere apoyar la ciencia, para unos, o eclipsar otras noticias, para otros, como si los astros le hubieran hecho un favor. Ojalá que el eclipse sirva para que quienes toman las decisiones y deciden a qué se destinan los presupuestos apuesten por la ciencia, por la investigación, por el desarrollo del saber. Mucho me temo que a más de uno lo veremos vociferar en los toros no tardando mucho. Es lo que tienen la euforia científica y la inquietud humanística, que duran poco. El año que viene, eso sí, para verlo bien habrá que ir a Ceuta.