En Ceuta

05/09/2026 - 11:48 Jesús de Andrés

Al atravesar el estrecho, la noche queda envuelta en una neblina que tiene más de bruma que de niebla. Característica de estas fechas cuando sopla el Levante, nos dicen al llegar. Amanece igual, con una humedad y un calor extremos.

Hay un grupo de soldados frente a la catedral, como los hay en las rotondas, controlando los accesos desde las playas del Tarajal y del barrio del Sarchal. Los veremos después en las puertas de los supermercados, en las avenidas que conducen a la frontera. La visita al centro de la UNED, donde comienzan los exámenes, transcurre con calma. A mediodía asistimos, invitados, a los actos del Día de la Ciudad. El ambiente está caldeado: la presencia aún de miles de asaltantes marroquíes, muchos más de los reconocidos, ha colmado el vaso de la infinita paciencia ceutí.

En Ceuta no hay petróleo, no hay gas, no hay minas de oro ni diamantes. En Ceuta hay tierra y personas. Un pequeño territorio enclavado en el estrecho y ceutíes: tan soberano aquel y tan valiosos estos como los de cualquier otro lugar de España. En Ceuta ha habido una invasión. No es la primera vez que Marruecos hace algo parecido, pero sí de estas dimensiones. Por la tarde visitamos los lugares donde están confinadas las miles de personas que allí quedan. Llegamos hasta Benzú, última localidad española, por las playas Benítez y del Trampolín. La situación es dantesca. Miles de jóvenes, todos varones, ocupan las playas, recogen leña, levantan chozas con cañas y plásticos, permanecen tumbados o juegan con una pelota. Las mujeres y los niños están agrupados en otras zonas. Pasamos por el hospital, llegamos al barrio del Príncipe, descendemos hasta el paso fronterizo del Tarajal y en todas partes vemos las mismas escenas de ciudad tomada. Otra muchedumbre de ceutíes y españoles se manifestará por la tarde, en infinidad de poblaciones, para expresar su hartazgo y enojo con Marruecos y con nuestro Gobierno.

El jueves nos recibe el presidente Vivas en su despacho. Se le nota cansado físicamente, pero con empuje, con la fuerza que le da el apoyo de sus vecinos. Nos explica con detalle; insiste como en los actos del día anterior: la soberanía no se divide, Ceuta no se entrega. Nadie entiende la dejadez del Gobierno, sus mentiras, su estrategia, si la tiene. Todos comparten idéntica sensación de abandono, de incertidumbre por el futuro. En el acto del Día de la Ciudad, el delegado del Gobierno y los dos ministros presentes se llevaron la peor parte. Feijoo se lo perdió porque llegó tarde al acto. Al parecer fue la niebla.