Marruecos

12/09/2026 - 12:29 Jesús de Andrés

Iba a decir que me sorprende la reacción de unos y otros a lo de Ceuta, pero no, no me sorprende nada, al contrario: más de lo mismo.

El debate, por llamarlo de algún modo, se centra en la responsabilidad del Gobierno y sus complicidades con Marruecos, por un lado, y el tratamiento dado a los “migrantes” y la prevalencia de sus derechos una vez en suelo español, por otro. Establecidas las fronteras, unos ponen el énfasis en el afán belicista del gobierno marroquí y la necesidad de defendernos, mientras que otros insisten en los aspectos humanitarios del asunto. Según Sánchez, Ceuta tiene que asumir una realidad estructural en la que miles de emigrantes buscan una vida mejor, lo que Marlaska apostilla diciendo que las quejas de los ceutíes no son más que una percepción subjetiva. Para Feijóo y Abascal, literalmente, el territorio español ha sido ocupado, Rabat es la invasora de Ceuta y Marruecos ha perpetrado un acto de guerra.

El hecho es que, en apenas dos días, entre ochenta y cien mil personas cruzaron sin resistencia alguna la frontera, varones jóvenes en su mayoría, llegados desde Castillejos, la ciudad marroquí más cercana. No hacen falta pruebas, sobran indicios: es imposible que llegara a Castillejos, una ciudad de similar tamaño a Ceuta (setenta y pico mil habitantes), tal cantidad de personas sin la aquiescencia, por no decir incitación, de las autoridades marroquís. Marruecos es una dictadura de pocas bromas. Castillejos, la actual Fnideq, fue fundada por España y perteneció al protectorado español. Allí venció el general Prim en 1860, en la primera guerra africana, hasta que se perdió en 1956 en la etapa más dura de la dictadura franquista tras liquidarse el protectorado, aunque hubo tropas españolas hasta 1961. La mano dura franquista: la misma que entregó las provincias españolas de Sidi Ifni en 1969 y del Sáhara en 1975-76, en los estertores del régimen.

Puedo entender que haya quien prefiera que se abandone a Ceuta y Melilla, con sus islas y otros territorios, que se entregue todo a Marruecos, pero que lo digan. Que no se anden con medias tintas. Que hablen claro. El nacionalismo español es el último recurso de los ceutíes, quien no lo entienda es que no entiende nada. El abandono es una traición, que cada cual asuma su parte. Lo que no se puede es poner campamentos en la boca del puerto en vez de en la frontera, invitándoles a entrar en la península y no a abandonar su empeño regresando a Marruecos. El rey sátrapa ve como, desde su pequeñez, consigue doblegarnos de nuevo. De nosotros depende.