06/09/2020 / 13:05
Manuel Ángel Puga


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El miedo puede matar

Cuando se dice que el miedo puede matar no hemos de pensar solamente en la muerte física, corporal, sino también en la muerte psíquica, en la muerte de la vida mental.


Como bien dice Javier Urra, en un reciente artículo publicado en estas mismas páginas, “se respira miedo, no precaución, prevención o respeto. Se respira miedo”. Ciertamente, esta pandemia ha generado una profunda sensación de miedo al contagio y a la muerte, particularmente entre las personas mayores o enfermas. Se respira miedo en el ambiente. Pero es el caso que el miedo excesivo puede llevarnos al pánico insuperable, a situaciones de extrema ansiedad, que pueden poner en peligro nuestra propia vida… Sí, el miedo puede matar.

Ante esta pandemia hay que tomar toda clase de precauciones. Hemos de ser conscientes de que se trata de un virus poco conocido, peligroso y muy contagioso, ya que se transmite por el aire y por contacto. Además, en contra de lo que pronosticaron los “expertos” sobre que no podría sobrevivir con temperaturas superiores a los 25º, estamos comprobando que no era cierto. El coronavirus se adaptó a las bajas temperaturas del invierno y se está adaptando ahora a temperaturas de 40º o más. Es, pues, muy peligroso.

Precisamente, por este motivo hay que recordarles a esos jóvenes irresponsables que asisten a celebraciones deportivas, como ocurrió en Cádiz o en Sabadell por el ascenso de sus equipos de fútbol, o que acuden a fiestas, discotecas y botellones sin mascarilla, hay que recordarles que el coronavirus puede ser mortal; y que no sólo mata a los ancianos de más de 70 años, como se decía al principio, sino que ha matado niños, adolescente, jóvenes y personas mayores. El ser joven no significa tener un salvoconducto para el coronavirus.

Por tanto, no es acertado el ser irresponsable y arriesgar la vida en estos momentos. No es acertado perderle el miedo al coronavirus, arriesgándose al contagio. Pero tampoco es acertado tenerle excesivo miedo. Una cosa es perderle el respeto y arriesgarse al contagio, y otra muy distinta es tenerle un miedo excesivo, insuperable, llegando a trastornos por estrés postraumático… Ni lo uno ni lo otro se debe hacer, porque ambas cosas pueden ser mortales. Tanto puede matar el coronavirus como el tenerle un miedo sin límites, un miedo que nos impida dormir, comer, trabajar, relajarse, etc.

Cuando se dice que el miedo puede matar no hemos de pensar solamente en la muerte física, corporal, sino también en la muerte psíquica, en la muerte de la vida mental. El miedo intenso y persistente puede dañar nuestra mente. Caer en una fuerte depresión, debida al miedo insuperable, es una de las consecuencias que puede traer esta pandemia. De hecho, muchas personas están recibiendo tratamiento psicológico y psiquiátrico por miedo al contagio.

Ante el elevado número de fallecidos por el coronavirus, no debemos dejarnos abatir por el miedo. Al contrario, hemos de convencernos a nosotros mismos de que, si tomamos las debidas precauciones, podremos sobrevivir. Es preciso hacerlo así, porque el miedo a morir puede matar. Nos lo recuerda este cuento árabe que leí hace muchos años y que esta pandemia trajo a mi memoria. Narra el cuento que la Peste iba caminando por el desierto, cuando pasó por delante de una caravana de mercaderes. El jefe de la caravana le pregunta adónde va, a lo que la Peste responde:

-Voy a Bagdad para cobrarme la vida de mil personas.

Cuando pasado cierto tiempo regresa la Peste, vuelve a encontrarse con el jefe de la caravana, quien le dice:

-Me has mentido. Sé que te has cobrado la vida de 50.000 personas; muchas más de las que me habías dicho.

Sin inmutarse lo más mínimo, la Peste le contesta:

-No, no te mentí. No suelo hacerlo. Yo he cobrado solamente las mil vidas que te había dicho. El resto se las llevó el Miedo. Pregúntale a él.

Yo tengo para mí que el coronavirus llegó a España con el propósito de cobrarse la vida de 30.000 personas, pero el miedo se llevó el resto hasta completar las casi 50.000 que muchos dan por fallecidas. Logrado su macabro propósito, lo que ahora debe hacer es marcharse para no volver jamás… Claro está que esto será posible si nosotros nos lo proponemos. Todo depende de nuestra responsabilidad, usando la mascarilla, evitando cualquier contagio y extremando al máximo las medidas higiénicas… Todos, absolutamente todos, debemos colaborar, porque es nuestra vida la que está en juego. A este virus no lo venceremos, si no lo tomamos más en serio y si no ponemos en ello todo nuestro empeño.


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