03/02/2019 / 11:49
Jesús Orea


Imagenes

El Miguel Ángel del siglo XXI, en Guadalajara

Resulta gratificante el que se haya incorporado al inventario de recursos de Guadalajara una obra artística de auténtica valía y categoría mundial como la de su propio creador, Rupnik.


Desde finales de abril del año pasado, la ciudad de Guadalajara ha visto engrosar su patrimonio histórico-artístico de una forma notable, gracias al espectacular y magnífico retablo-mosaico, o fondo presbiteral, como queramos llamarlo, de la iglesia de El Salvador, obra del genial artista esloveno, el padre jesuita Marko Iván Rupnik. Esta iglesia, situada en el barrio de Aguas Vivas, inició su actividad parroquial en septiembre de 2007, si bien fue erigida en enero de 2003, nombrándose párroco de ella al activo sacerdote sacedonense, Jesús Mercado. Su buen trabajo, empeño y perseverancia han sido decisivos para que este templo goce en su conjunto de una buena arquitectura moderna y, especialmente, acoja en él una obra de arte tan valiosa como la de Rupnik, a la que la Diputación Provincial, con buen criterio, ha dedicado una pequeña pero preciosa y valiosa publicación que fue presentada públicamente el pasado día 17 de enero

Tras no solo décadas, sino incluso siglos, de continuas pérdidas o graves deterioros patrimoniales en la capital, por muy diferentes causas, muchos de ellos de carácter religioso, resulta gratificante el hecho de que se haya incorporado a su inventario de recursos una obra artística de auténtica valía y categoría mundial, como su propio creador pues Rupnik es uno de los principales referentes del arte decorativo religioso de vanguardia, especialmente como “mosaista”.  Es autor, entre otras muchas creaciones, de la decoración de la capilla Redemptoris Mater, del Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, valioso regalo que el Colegio de Cardenales hizo en 1996 al entonces Papa Juan Pablo II para conmemorar el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal. La Redemptoris Mater está considerada como la “Capilla Sixtina” del arte contemporáneo; no en vano, para muchos, su autor, nacido en 1954 en Zaldlog (Eslovenia) y residente en Roma, es el “Miguel Ángel del siglo XXI”.

La obra de Rupnik está presente en muchos países del mundo, especialmente europeos, destacando entre ella, además de la capilla vaticana ante referida, la fachada del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia), la iglesia de la Santísima Trinidad del Santuario de Fátima (Portugal), la capilla del Santísimo de la madrileña Catedral de la Almudena o la capilla de la Sucesión de la Conferencia Episcopal Española. Solo otras seis ciudades españolas –Betanzos (La Coruña), Gijón, Madrid, Tenerife, Valladolid y Zaragoza– tienen, junto a Guadalajara, el privilegio de acoger obras de Marko Ivan Rupnik. Incluso podría darse la circunstancia de que nuestra ciudad, en un futuro cercano, pudiera reunir una segunda obra de este genial artista centroeuropeo pues el párroco de San Antonio de Pádua, Jesús Recuero, que fue alumno suyo en los cursos superiores de arte que realizó en Roma, también contactó hace tiempo con Rupnik para proponerle que realizara el fondo presbiteral de este templo de la avenida de Castilla que, incluso, ya ha visitado el artista cuando vino a Guadalajara en abril de 2018 a montar el de El Salvador.

 

Como decíamos, durante la última semana de abril de 2018, Rupnik permaneció en la capital de la provincia trabajando con su equipo, conformado por artistas de 14 nacionalidades distintas, y dirigiendo los trabajos de montaje del retablo-mosaico de la iglesia de El Salvador, el último templo bendecido en la ciudad, en 2013 –seis años antes ya se había bendecido y comenzado a utilizar para el culto la capilla lateral-, si bien su dedicación y consagración definitivas se produjeron el pasado 23 de septiembre de 2018, una vez ultimada su decoración interior y establecido su altar definitivo, también obra de Rupnik. Otros epicentros litúrgicos, como el ambón, la pila bautismal, la cruz parroquial y el Vía Crucis, igualmente son de su autoría, todos ellos creados expresamente para la iglesia guadalajareña y de una belleza formal e iconográfica verdaderamente notables, además de un sentido iconológico muy profundo. 

Rupnik trabaja en equipo y es director del Centro Aletti, perteneciente al Pontificio Instituto Oriental de Roma, donde también vive y enseña. Igualmente, es allí responsable del taller de arte espiritual, un verdadero núcleo de creación de vanguardia en el que se ha esbozado, diseñado, compuesto y realizado gran parte de los elementos, mosaicos sobre todo, de que consta el retablo de El Salvador, realizados con materiales procedentes de varios países del mundo, entre ellos Egipto e Irán. Aletti es un centro de estudios e investigaciones que se añade a la misión que los jesuitas desempeñan en el Pontificio Instituto Oriental, inaugurado durante el pontificado de Juan Pablo II con el fin de que se convirtiera en un espacio de relación y de reflexión intercultural. Se dirige, ante todo, a estudiosos y artistas de inspiración cristiana del centro y este de Europa, y trata de facilitar el encuentro fraterno entre artistas ortodoxos y católicos.

Así se valora, amplia y detalladamente, el arte de Rupnik en el catálogo de una de sus muchas exposiciones, tanto individuales como colectivas: “Rupnik es un artista del color. El color es la luz de la materia del mundo que el artista busca. Al principio estuvo cerca de las conquistas de las vanguardias de este siglo, pero su itinerario artístico es una continua búsqueda del significado unificador de toda la vida. El color de Rupnik es puro, intenso y a menudo sus cuadros se construyen sobre la regla de los contrastes entre los colores. Su arte consiste precisamente en encontrar la armonía, la fascinación del conjunto. Estudia las culturas de los indios, de los eslavos antiguos, de los chinos, de los comienzos del arte cristiano. Desde hace algunos años, su arte está decididamente comprometido en una relación dialógica entre los frutos del arte occidental y del arte iconográfico. Se trata de una relectura del punto de vista del iconógrafo, pero con toda la riqueza instrumental de la pintura occidental de los últimos siglos. Su arte consigue unir la tradición y la modernidad. La obra de Rupnik nos confirma que la pregunta fundamental en el debate artístico contemporáneo no se puede agotar en las alternativas convencionales como, por ejemplo, arte figurativo o abstracto. Se trata, pues, de redescubrir el arte como servicio, como liturgia”.

El conjunto iconográfico de Rupnik en El Salvador se puede encuadrar en un estilo neo-románico con técnica bizantina, enmarcándose dentro de la más pura filosofía de su taller en el que, como ya hemos dicho, conviven, se entrelazan y relacionan las estéticas y los gustos orientales y occidentales; así, la escena central del retablo, en la que se ve al Salvador entronizado con un cordero a sus hombros y junto a la Virgen y a San Juan Bautista, se nos antoja un pantocrátor que nos trae a la memoria el de la famosa pintura románica del ábside de San Clemente de Tahull, al tiempo que percibimos iconografías típicas del arte religioso medieval del mediterráneo oriental. Rupnik ha traído a Guadalajara la historia de la salvación hecha arte, iniciándola en el Antiguo Testamento y concluyéndola en la propia iglesia. Un niño Jesús con estola puede resumir esa historia alegórica. Y no le faltan guiños al barrio y a la ciudad en la que el artista ha dejado su genial sello: Moisés rescatado de las “aguas vivas” del Nilo y el reflejo intencionado de un “río de piedras” (Wad-al-hayara).

El lema que puede resumir la filosofía creativa de Rupnik y su taller es “A Dios por la belleza” y Guadalajara tiene el privilegio de ser anfitriona de ella y su obra desde abril de 2018. Además, ahora, gracias al magnífico librito sobre la obra de Rupnik en El Salvador, publicado por la Diputación y óptimamente presentado hace unos días por Antonio Herrera Casado, Cronista Provincial y editor del mismo, acompañado en el acto por el Obispo, Atilano Rodríguez, y el presidente de la institución provincial, José Manuel Latre, vamos a poder conocer en profundidad, no solo la grandiosa valía artística y singularidad iconográfica de la obra del jesuita esloveno, sino todo su mucho y profundo sentido iconológico, explicado por el propio artista. Como se dijo en la presentación del libro ¿se imaginan haber podido acceder a las explicaciones de Miguel Ángel sobre la Capilla Sixtina? Quienes deseen hacerse con un ejemplar pueden obtenerlo en la propia iglesia de El Salvador; también podrán acceder próximamente a su consulta en las bibliotecas municipales de la provincia, a las que la Diputación siempre remite sus publicaciones para engrosar sus fondos.


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