El mundo soñado
Ahora, en esta bendita patria, hay políticos que, arrimando el ascua a su sardina, se aprovechan de la democracia, reniegan del perdón y del olvido y manipulan.
Desde Madrid, desde España veo el mundo que vivimos y veo su decadencia, pensando que es la mía. Pero en realidad, el mundo siempre ha sido así, una pura catástrofe plagada de locos y de guerras, que no percibimos mientras no nos sentimos aludidos. Los de mi edad nacimos en un régimen dictatorial y, pasado el tiempo, llegamos a una Transición ejemplar, gracias al rey Juan Carlos, a Adolfo Suarez y a un puñado de hombres y mujeres bien preparados y abiertos de mente que negociaron el perdón y el olvido a cambio de libertad y democracia. A todos nos enorgulleció y a todos nos benefició.
Ahora, en esta bendita patria, hay políticos que, arrimando el ascua a su sardina, se aprovechan de la democracia, reniegan del perdón y del olvido y manipulan el orden y las leyes a su antojo. Se vende la España unida que tantos siglos y sacrificios costó y, a cambio de unos pocos votos, algunos paisanos tienen secuestrado a un gobierno lleno de pícaros y chapuceros, un gobierno que no respeta a los ciudadanos ni a las instituciones ni al país que hemos puesto a su cuidado, y permite con su desidia que ocurran las mayores catástrofes. Solo importa seguir en el poder, no solo por el poder, también por el dinero.
En EEUU, hay un presidente que quiere dominar el Mundo, como en las películas de James Bond, y de repente quiere el petróleo de Venezuela o hacerse con Groenlandia y Canadá. Querría Sigüenza si obtuviera beneficio. Quiere la Tierra entera para, dice bailando, conseguir la paz. Pero la paz no es nada sin libertad, sin justicia y sin igualdad para todos.
Estos poderosos con propósitos tan evidentes, darían bastante risa si no hicieran tanto daño. Rusia ataca a Ucrania porque quiere una salida al mar y unas bonitas tierras raras; Israel, atacado por Hammas, destruye la franja de Gaza con los palestinos dentro. Los ayatolas se encrespan con los derechos de las mujeres, que ya les vale, y amenazan al mundo occidental con sus bombas.
Los demás solo queremos una vida tranquila, tener un trabajo que nos permita comer, pedir una hipoteca, vivir y educar a los hijos… y, si trabajamos tanto, que también podamos disfrutar viajando por el ancho mundo, a pie, en tren o avión, pero seguros y en paz, caramba…