06/11/2020 / 18:49
Jesús de Andrés


Imagenes

El reloj de cuco

Para Reverte la historia no estaba relacionada con la vejez y el tiempo. Lo fundamental era la intensidad de la vida. 


Se lamentaba Javier Reverte de que la gente poco informada afirma que los Estados Unidos no tienen apenas historia por ser, como quien dice, un país casi recién nacido. Reverte pasó su vida viajando, como corresponsal y enviado especial en un primer momento, como viajero empedernido después. Recorrió el planeta en su totalidad y cuando algo no le gustaba lo decía: le desagradaba Asia y afirmó que no volvería a Viena por ser empalagosa y estar llena de gente triste. Navegó los cinco océanos, Ártico y Antártico incluidos; descendió el Amazonas, el Yukón, el Nilo, el Yangtsé y el Congo, entre otros muchos ríos; vivió un puñado de capitales europeas y afrontó sus viajes con el espíritu de Jack London, de Hemingway, de Conrad, de Isak Dinesen y de tantos otros escritores que llenaban su maleta. También visitó la Alcarria con asiduidad, gran excusa para ver a los buenos amigos. O viceversa: visitaba a sus buenos amigos, como Manu Leguineche, Pedro Aguilar y tantos otros, como pretexto para viajar a la Alcarria. Recorrió el mundo solo, para escribir, y dio cuenta de ello en un buen puñado de libros, algunos ya clásicos de la literatura de viajes. Decía, con Huxley, que viajar es descubrir que todo el mundo se equivoca.

Para él la historia no estaba relacionada con la vejez y el tiempo. Lo fundamental era la intensidad de la vida. Y ponía un ejemplo: ¿cuál es la historia de Suiza? Será muy extensa, decía, pero a nadie emociona en exceso. Un país dominado por la banca y cuyo gran invento fue el reloj de cuco no puede despertar mucha pasión. Sin embargo, la historia de Estados Unidos es posiblemente la más intensa de cuantas pueden escribirse en nuestros tiempos. Comparen -decía jocoso- su descubrimiento, su colonización, su independencia, la conquista del Oeste, sus numerosas guerras… con el reloj de cuco. Y a quienes añaden que los Estados Unidos, además de carecer de historia, no tienen tampoco cultura les ponía el ejemplo del Mississippi, un río que inspiró a Mark Twain, a William Faulkner o a Tennessee Williams, escenario de obras fundamentales de la literatura universal. ¿Qué río de Suiza -apuntaba certero y burlón- puede alardear de haber engendrado tanta y tan buena literatura?

Hoy, una vez más, los Estados Unidos se ponen intensos. Por gracia de un presidente populista que se salta las reglas de juego y no está dispuesto a aceptar una derrota, de un sistema electoral arcaico y de un sistema de recuento de votos propio del siglo XIX (en la gran superpotencia tecnológica, para más inri), la historia se acelera inquietándonos de nuevo. Jamás unas elecciones suizas despertaron la más mínima atención. Lástima que no esté Javier Reverte con nosotros para recordárnoslo.


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