05/10/2019 / 18:25
Antonio Yagüe


Imagenes

Enchufados

Nepotismo o enchufe también significa favorecer a amigos o camaradas. Es el deporte nacional y los partidos lo practican unidos.


A mi amiga rusa y filóloga española Inna Kuriza le intrigaban en 1993, hace una generación, nuestras genuinas metáforas cotidianas como llamar pistola a una barra de pan, ladrón a un distribuidor de electricidad o enchufados a los colocados por lo que Roma bautizó como nepotismo o preferencia por sobrinos y otros parientes para concesiones o empleos públicos. Hoy podría contarlos a cientos en ayuntamientos y ejecutivos, desde el Central al último autonómico constituido en Murcia.

Sin entrar en  “y tú más”, glorioso fue en Madrid el equipo de Carmena, que refutó el tópico conservador según el cual la izquierda está contra la familia: casi todos los familiares de los miembros del Ayuntamiento trabajaron felizmente en él o fueron ascendidos. En cuanto a sagas, los Pujol han sido el modelo, con seis hijos imputados. Un guasón reivindicó que se le aplicase a Josep, que no lo estaba, una prueba de paternidad.

Nepotismo o enchufe también significa favorecer a amigos o camaradas. Es el deporte nacional y los partidos lo practican unidos, en ejemplar ejercicio de concordia. Los políticos son los que más enchufan. La política se ha convertido en una estructura completa de influencias y recomendaciones. Está poblada por trepas sobresalientes en articular genuflexiones ante el líder y aplaudir sus discursos.

Muchas ruedas de prensa muestran que los números dos y tres son todavía más grises, como resultado de un proceso de selección de tarugos. De secretario general hacia abajo, todos enchufados o “cargos de confianza”: ministros, secretarios de Estado, consejeros, viceconsejeros y legión de asistentes y asesores. Toda una vida intentado saber qué es un asesor y cuando casi lo tenía, zas, la Generalitat nombra a la exconsejera Juana Ortega “asesora transversal”.

En el sector privado ocurre algo similar. Las eléctricas han enchufado, nunca mejor dicho, a 50 políticos de primer nivel en este siglo. Cada vez que nos hablan de un tipo muy bien situado, respondemos: “¡Hala, menudo enchufe tendrá!” Las oposiciones se diseñaron para dar acceso justo al empleo, pero paradójicamente sirven para que muchos no vuelvan a trabajar pasado el examen. O devengan diputados, como un tercio de los actuales. 

Un gerifalte franquista bromeaba que mejor no ligar en instituciones o empresas donde se ha enchufado a media familia: se correría el riesgo de consanguineidad. No tenemos remedio.


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