29/10/2021 / 14:40
Jesús de Andrés


Imagenes

Encuestas

Se puede entender, pero no deja de causar tristeza ver a los políticos haciendo gestos para contentar a unos y otros, no por convicción sino por temor a la adjudicación futura de resultados.


 No hay político que no mire por el rabillo del ojo las encuestas de opinión que cada cierto tiempo publican los medios, tanto da que sean de organismos públicos o de empresas privadas. Conscientes de ello, los propios medios de comunicación, que no son muchas veces más que extensiones de los propios partidos, más preocupados por la lucha política que por la información veraz, interpretan aquí y especulan allá para condicionar la actividad de los rivales. A cualquier paso dado, tanto por acción como por omisión, falta tiempo para señalar la amenaza de una bajada en las expectativas de voto. Y eso por no hablar de la cocina de las encuestas, de la atribución de sentido a las respuestas para afinar el resultado de aquellas, atribuyendo escaños a los afines, quitándosela a los contrincantes y subiendo o bajando al resto en función del interés, que ahora se traduce en hipotéticos cálculos para futuras coaliciones. O de la manipulación más descarada y el engaño, que también los hay.

De ahí esa tendencia a acabar hablando todos de lo mismo, de estar sometidos a la agenda mediática, temerosos del futuro escrutinio de las urnas y del vaticinio del oráculo demoscópico. Es común entre la clase política guardar la ropa más que nadar, intentar no pisar ningún callo, no levantar polémica, no asustar a los suyos. Ahí es donde los políticos valientes destacan entre los que no lo son. Quien está seguro de los pasos que da no está pendiente de lo que opinen los medios, ni pretende contentar a tanto ofendido que amenaza, en uno y otro lado, con la retirada del apoyo y del voto. Es posible que muchos electores cambien el contenido de su papeleta en función de los altibajos de la discusión diaria, pero mucho me temo que no son tantos y acaban compensándose unos con otros. No es tanta la volatilidad como se piensa. Hay muchas personas que a menudo cambian de opinión, pero pocas veces de partido al que votar. Por ello, los políticos deberían preocuparse de hacer bien las cosas, de elaborar buenos programas y cumplirlos, de mirar hacia adelante, incluso de contradecir a su electorado, de hacer pedagogía y no tener miedo. 

Se puede entender, pero no deja de causar tristeza ver a los políticos haciendo gestos para contentar a unos y otros, no por convicción sino por temor a la adjudicación futura de resultados. Declaraciones altisonantes sobre cuestiones que no son de su competencia, guiños desenfocados que pretenden agradar a todos, pavor a cualquier tipo de crítica, confusión sobre dónde están suspropios apoyos o asistencia a espectáculos en los que no encontrarán un solo voto de más pero puede que alguno de menos. La política es profesión de riesgo, no hay duda, y para ella hace falta ser valiente.


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