11/07/2020 / 12:36
Antonio Yagüe


Imagenes

Esas no volverán

En algunas cornisas han destruido sus nidos en invierno para que no ensucien, a pesar de una multa de hasta 200.000 euros prevista por la ley.


Me cuenta Moncho, colega y amigo, que anda en su Galicia natal buscando golondrinas para mostrárselas al nieto. Cuesta bastante. Por nuestros pueblos ocurre más de lo mismo. Los afortunados hemos visto algunas parejas anidando en el alero. En algunas cornisas han destruido sus nidos en invierno para que no ensucien, a pesar de una multa de hasta 200.000 euros prevista por la ley. Una crueldad de nuevo rico urbanita.

Parece que su desaparición, como la de tantas aves, ha ido pareja al éxodo rural. Es la otra despoblación. Los biólogos de la Sociedad Española de Ornitología SEO/Birlife certifican el declive imparable de 17 de las 25 especies asentadas en los medios agrícolas que vienen a su segunda residencia veraniega en España hasta que el otoño les empuja de vuelta a cálidas tierras africanas.

La prestigiosa publicación Science cuenta que desde 1950 hasta hoy hay 3.000 millones de pájaros comunes menos. En Europa la tribu amable de las golondrinas, que cada año retornan al mismo nido o al de sus padres, se ha reducido en quince millones en los últimos veinte años,  y en España en más de un 50% desde 1998. Las cifras son escandalosas y preocupantes.

  Poco a poco, cada vez iremos viendo menos. Por eso su canto inconfundible es tan apreciado estos días. Un canto que ha estado presente durante décadas en el verano. Era la banda sonora de muchos pueblos, que guarda cierta similitud con el sonido de loza hecha trizas en un momento, en un “tris”.

Pájaro melancólico pero de buen agüero, con vuelo circular y alborozado, la golondrina simboliza la tristeza, como la que podía llegar a tu ventana en la  descorazonadora canción mexicana. Ave bendita en la vieja tradición castellana, la leyenda cuenta que le quitaron a Cristo las espinas de su corona mientras agonizaba en el calvario. Explica que por eso llevan en el pecho una pequeña mota roja de la Sangre de Jesús.

Tendremos que desmentir a Bécquer y su rima LIII, ahora que se cumplen 150 años de su muerte. No volverán las oscuras golondrinas. Cada vez menos.


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