18/06/2022 / 15:48
Jesús de Andrés


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Espadas en alto

Se enfrentan los ciudadanos andaluces este domingo a las urnas, por decimosegunda vez desde 1982, para elegir un parlamento del que surgirá el nuevo gobierno autonómico.


Se enfrentan los ciudadanos andaluces este domingo a las urnas, por decimosegunda vez desde 1982, para elegir un parlamento del que surgirá el nuevo gobierno autonómico. En diez ocasiones de las once celebradas hasta el momento ganó el PSOE. Tan sólo en 2012, el Partido Popular, liderado en aquel momento por Javier Arenas, consiguió imponerse, pero la coalición entre el PSOE e Izquierda Unida frustró sus expectativas de acabar con la hegemonía socialista y alcanzar el gobierno andaluz. 

El cataclismo sufrido por el sistema de partidos a partir de 2015, que supuso el surgimiento de numerosas alternativas políticas, ha tenido múltiples efectos, entre los que destaca el incremento de la dificultad para conseguir la mayoría absoluta, por lo que se hace imprescindible establecer alianzas con los partidos más afines. Como consecuencia de ello y de la incapacidad crónica de los dos grandes partidos para establecer alianzas, se ha profundizado en una política de bloques que ha incrementado el enfrentamiento. De esta forma, el protagonismo de los grupos más pequeños, que a su vez son los más radicales en su bloque, se ha incrementado hasta el extremo, nunca mejor dicho: ellos son quienes tienen la sartén por el mango en caso de ser necesitados para formar gobierno y a ellos se dirigen las críticas del otro bloque para intentar su desgaste y deslegitimar al partido mayoritario. No es de extrañar que tanto Vox como Podemos y sus respectivos líderes sean objeto de desgaste, de ataque e incluso de burla constante por parte de los medios y partidos a ellos enfrentados. Es absurdo insistir en que, en contra de lo que pretenden, la crítica se convierte en presencia mediática y ésta en incremento de apoyos, por lo que la estrategia consigue justamente lo contrario de lo que pretende. 

Gracias a este nuevo escenario, el Partido Popular llegó al palacio de San Telmo en 2018 pese a quedar segundo, acabando con el modelo neocaciquil construido por el PSOE durante décadas de gobierno en Andalucía. Estos cuatro años han sido suficientes para anular la principal baza usada contra la posibilidad de un cambio: el miedo. Juan Manuel Moreno esprinta para conseguir la mayoría absoluta que le evite el abrazo del oso de Vox, mientras que Juan Espadas es consciente de que a su izquierda no hay nada más allá de las luchas internas de unos grupos desacreditados y enfrentados entre sí. PP y PSOE son siervos del sistema excluyente que ellos mismos han creado. Tan sólo si, conscientes de la deriva radical a la que son conducidos, envainaran sus espadas, podrían construir un modelo que fuera positivo para ellos. Pero eso requiere un grado de sensatez del que, mucho me temo, estamos demasiado alejados.


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