01/05/2020 / 14:17
Antonio Yagüe


Imagenes

España CoviVaciada

 Tras las cifras hay una historia, una cara, un adiós. Cuando pase todo, habrá que reflexionar sobre la gestión de las administraciones, empezando por Pedro Sánchez, principal responsable por su cargo.


Los penúltimos del Señorío rural siempre estuvieron entrenados en cuarentenas, con carreteras intransitables por la nieve, frecuentes cortes de luz o días y días sin teléfono. No hay bares o están cerrados, ni centros de salud o diversión. “Aquí no tenemos de nada, sigue viniendo el panadero y algún frutero, ¿qué vamos a echar de menos?”, asegura mi prima Victoria de Mochales. “Todos bien, gracias”, contestan sintiéndose afortunados. 

Muchos pueblos, con un poco de suerte y mucha prudencia de los vecinos, han mantenido a raya al coronavirus. Esperaban como agua de mayo la “desescalada a la carta” para cultivar sus huertos familiares sin vetos ni sanciones. Ahora temen la desbandada con posibles contagiados desde las ciudades a “segundas residencias”.

La pandemia ha mostrado en este trozo de España vacía o vaciada la llegada de diminutas comitivas fúnebres al camposanto con algún fallecido, hijo del pueblo, para cumplir su voluntad sobre su último descanso. Sin más compañía que un par de allegados, sin despedida, ni duelo ni plegarias por la paz para su alma.

Los afectados forman parte de los españoles que no sufren la misma crisis que quienes contestan “todos bien, gracias”. Tampoco la viven igual quienes tienen un sueldo asegurado que quienes han cerrado su negocio, no pueden vender su ganado o andan ensogados a un ERTE. Ni es lo mismo para quienes tienen para ir tirando que para los amenazados de mendicidad. Para unos, el Covid-19 existe solo cuando apetece poner la tele. Para otros, es una especie de guillotina.

En muchas ciudades nos hemos dejado llevar por la magia de balcones, músicas y tiempo habrá para la crítica. Aceptamos la propaganda de “este virus lo paramos unidos”, “un día más, un día menos” o “todo saldrá bien”.  Y llegamos a olvidar que los muertos, uno a uno, suman miles. Tras las cifras hay una historia, una cara, un adiós. Cuando pase todo, habrá que reflexionar sobre la gestión de las administraciones, empezando por Pedro Sánchez, principal responsable por su cargo.

En la España vaciada y la llena hay dos visiones de una misma realidad: una condescendiente, que solo quiere buenas noticias, y otra molesta y triste, que se siente ninguneada y malgobernada. La linde entre ellas a veces solo está en no poder decir ese “todos bien, gracias”.


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