30/10/2020 / 15:51
Marta Velasco


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Estado de frustración

Les pedimos lealtad en un momento tan triste, que no se aprovechen del estado de alarma para conseguir ventajas con decretos-bomba.


Este título lo sugiere un amigo contrariado por la declaración del largo estado de alarma que afecta a su zona de confort, en su caso una zona amplia, tiene muchos amigos, le gusta salir a andar y hacer tertulia a la hora del aperitivo. Lo pasó mal en el confinamiento de marzo, pero lo soportó. También los niños sufrieron, echaron de menos el colegio y ahora son más disciplinados y responsables, mejor que algunos jóvenes que no se adaptan a la mascarilla ni prescinden del botellón. En Portugal, que son tan gallegos, llaman al Estado de Alarma Estado de Calamidad y me parece un nombre bien puesto que da gana de cantar tristísimos fados con toda el alma y de apearse en marcha de nuestro planeta, el único paraíso que conocemos y mancillamos continuamente. 

Porque después de varios meses de confinamiento y mascarilla, reducida la vida social y la familiar a la nada, el virus sigue atacando y el ciudadano común languidece y exige una solución o una esperanza. Cuando llegó el verano del 2020, los políticos, risas y desvíos, como la Marquesa Eulalia de Rubén Darío, y muchos aplausos por su victoria, se fueron de vacaciones alegremente.  A la vuelta, el caos, las broncas en el Congreso, la situación sanitaria empeorando y la declaración del Estado de Alarma hasta el mes de mayo del año 21.  Declaración que se hace, dice Sánchez, a fin de que las Comunidades tengan mayor facilidad para tomar decisiones como el toque de queda, ahora llamado movilidad nocturna reducida - pocos tan buenos como este gobierno para llamar a las cosas con otros nombres -, el confinamiento en los barrios y ciudades y otras medidas necesarias para nuestra salud.

Cualquier decisión será mejor que no hacer nada, el deber de todos nuestros representantes es ponerse manos a la obra, estamos muy cansados de peleas de vecinos en el Congreso. Tienen la obligación de nombrar un Comité Científico Auténtico, con nombres verdaderos y acreditados, proporcionar medios a los investigadores, contratar más médicos y enfermeras, y subirles el sueldo… ¡que les den el suyo si es necesario!… Les pedimos lealtad en un momento tan triste, que no   aprovechen el Estado de Alarma para conseguir ventajas con esos decretos-bomba que tanto benefician al vicepresidente y a su patota. Es una situación terrible y excepcional y muchos economistas piensan que este Estado de Alarma, de Calamidad o de Frustración será demasiado largo para nuestra economía. 

Y hablando de libros que nos hagan más dulce la espera, dos extraordinarios: “Viaje a África del Sur”, de Antonio Bernal, viajero y contador de historias muy lejanas. Una lectura apasionante y una preciosa encuadernación, solo para amigos, con las maravillosas acuarelas de Aurora Pérez. El otro es “El infinito en un junco”, de Irene Vallejo.  Un ensayo ameno y cautivador sobre la historia de las palabras, de los libros, de las bibliotecas. Es magnífico, un libro para tener cerca, leer y releer. 

Amigos míos, salud y mucho cuidado.


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