07/03/2020 / 14:00
Antonio Yagüe


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¿Estás vivo... jubilado?

Parece mentira que en una sociedad tan tecnológicamente avanzada, donde creíamos que nos tenían controlados hasta en el más mínimo detalle, resulta que no saben si estamos vivos o muertos 


Numerosos jubilados están recibiendo una carta del banco para ordenarles que vayan a su entidad antes de fin de mes para decir que están vivos, ya que de no hacerlo se supondrá que están muertos y, por consiguiente, ya no les pagarán la pensión. Lo justifican con que la Seguridad Social lo impone porque hay españoles que, aunque es delito, siguen cobrando fraudulentamente la paga de abuelos difuntos.

Parece mentira que en una sociedad tan tecnológicamente avanzada, donde creíamos que nos tenían controlados hasta en el más mínimo detalle, resulta que no saben si estamos vivos o muertos y nos lo tienen que preguntar. Quizás es que hay tanta descoordinación entre los diferentes aparatos gubernamentales que no se comunican entre ellos ni para las cosas más elementales. Un médico firma un obligatorio certificado de defunción y no hay registro oficial que lo recoja y comunique automáticamente a los estamentos interesados. El muerto puede seguir cobrando pensión y Tráfico poniéndole multas y quitándole puntos por velocidad excesiva tras ser identificado como conductor por sus parientes. 

Los que todavía podemos movernos, iremos al banco. “Buenos días ¿Qué desea?”, nos preguntará el empleado/a tras la desesperante típica espera. “Buenos días -le responderemos- solo vengo a decirles que estoy vivo” ¿Y qué pasa con quienes tengan movilidad reducida y no puedan acudir para decirlo, o estén hospitalizados? El Gobierno se lo pone más difícil todavía: tendrán que llamar a un notario para que vaya a su domicilio u hospital, pedirle que certifique una “fe de vida” y, una vez obtenido este documento, enviarlo al banco antes de fin de mes. Todo muy sencillo, barato y asequible.

El creciente uso de móviles modernísimos y de internet está dejando fuera de juego a muchos abuelos. Han desaparecido oficinas bancarias tradicionales y las que quedan se han dotado de tal tecnificación y restricciones horarias que les complican algo tan sencillo como sacar de su dinero. Por no hablar si tienen que hacer uso del seguro de coche en carretera en situación histérica, que suele ser lo más normal. 

  “¿Los rezagados con las tecnologías no tenemos derecho a seguir siendo atendidos como personas? Cada vez es más difícil vivir, sobre todo en la España vaciada”, plantea indignado un molinés obligado a certificar al banco que está vivo.


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