07/05/2022 / 15:53
Jesús de Andrés


Imagenes

Feijóo

En tiempos como los actuales, saturados por el protagonismo de tanto populista pasado de vueltas, de agresivos verbales y provocadores a tiempo completo, se agradece el bostezo ante políticos que no están para divertirnos sino para gestionar las demandas y los problemas.


La llegada de Alberto Núñez Feijóo a la calle Génova, a ese edificio al que por metafórica amenaza de ruina se le estuvo a punto de colgar el cartel de “se vende”, ha supuesto un revulsivo para las aspiraciones electorales del Partido Popular. En su favor juegan sus resultados en Galicia, sus mayorías absolutas, su gestión (nadie obtiene esos resultados si no hay una buena gestión detrás), su moderación y su empeño en ocupar el centro político. Lejos de las perniciosas estirpes de Bartolines y Carromeros acomodadas todavía hoy en el partido, Feijóo no perteneció a las Nuevas Generaciones sino que se afilió al partido a los 38 años, después de finalizar sus estudios, tener una carrera profesional como funcionario de la Xunta y haber ocupado varios cargos de perfil técnico. En una reciente entrevista en el programa de Bertín Osborne reconoció haber votado a Felipe González en 1982. “Y lo volvería a hacer”, afirmó. Alejado de cualquier tipo de radicalismo nacionalista, es a la vez un galleguista templado y un moderado nacionalista español. En el punto medio en el que se encuentra la mayor parte de los españoles que sienten por igual apego al terruño y al proyecto político que supone España, pero sin fundamentalismos identitarios, ardores guerreros ni sobredosis de banderas. 

Comparado con Casado, siempre hiperventilado, cambiando de envoltorio cada vez que recibía apercibimientos mediáticos o electorales y abocado a la autodestrucción, lo de Feijóo es de un aburrimiento tan grande que solo puede ser expresión de buena elección. En tiempos como los actuales, donde el entretenimiento lo domina todo, en la sociedad del espectáculo de la que hablara Guy Debord, saturados por el protagonismo de tanto populista pasado de vueltas, de agresivos verbales y provocadores a tiempo completo, se agradece el bostezo ante políticos que no están para divertirnos sino para gestionar las demandas y los problemas. Vuelve a estar de moda el político soso, de ahí el triunfo de Biden en Estados Unidos tras el show constante de Trump, o el infinito y agradecido tedio de políticos como Scholz en Alemania.

Los resultados en las encuestas indican que su nombramiento ha sido positivo para el PP. Crecen sus expectativas de formar gobierno algún día, pero sus retos son muchos. El cambio ocurrido en los últimos años en el sistema de partidos le afectará llegado el caso, como ha afectado a Pedro Sánchez, ya que deberá conseguir apoyos por imposibilidad de articular mayorías absolutas. Tendrá que trazar una estrategia con VOX y deberá afrontar una reforma interna que aleje cualquier sospecha de corrupción, como normalizar los datos de afiliación abandonando la mentira de los 800.000 militantes. Por lo demás, que nos aburra mucho. Yo no conseguí ni acabar lo de Bertín.


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