06/02/2021 / 12:22
Antonio Yagüe


Imagenes

Fragancias campesinas

Cuentan las crónicas que en una empresa puntera de California (EEUU), los 210 empleados se ha encontrado tras un año de teletrabajo con un enjambre de 20.000 abejas en la oficina.


Tras el estado de alarma llovieron vídeos sobre jabalíes, zorros, corzos y todo de tipo de animales ocupando calles vaciadas de coches y peatones. Normal. Ante la ausencia de humanos, el reino animal tiende a ocupar sus espacios. Cuentan las crónicas que en una empresa puntera de California (EEUU), los 210 empleados se ha encontrado tras un año de teletrabajo con un enjambre de 20.000 abejas en la oficina.

Los técnicos han determinado que los insectos entraron por un agujero en la pared de ladrillo del edificio y se establecieron entre el segundo y tercer piso. Tenían un panal de seis meses y otro anterior más pequeño. Fumigarlas habría bastado para apaciguar el temor de los oficinistas. Pero, haciendo gala de la creciente sensibilidad hacia los animales, atrajeron al enjambre, reina incluida, hasta unos aseos. Luego hicieron un agujero, las fueron extrayendo de forma segura y las trasladaron a una colmena.

Mientras las vacunas llegan a nuestros pueblos con cuentagotas y aumenta el censo y el cabreo por los “vacunajetas”, se producen cambios más deprisa de lo que nunca soñamos ¿Alguna vez imaginaron que los toques de campana de la iglesia, el canto de un gallo e incluso los olores de una paridera o corte (pocilga) se protegerían? Pues sí, los vecinos de Francia lo han hecho. Su parlamento ha aprobado una ley que los considera patrimonio sensorial. 

La iniciativa surgió en pleno confinamiento, cuando un hombre de la región de Ardech mató de un tiro al gallo de su vecino porque sus quiquiriquís al rayar el alba le fastidiaban. Los diputados han considerado que los olores, procedan de una panadería, una barbacoa o un establo, y los sonidos (balidos de oveja, ladridos o jolgorios de una fiesta) forman parte del paisaje y, en definitiva, de la intrahistoria. Aunque a veces disgusten, son expresiones culturales (tradiciones, creencias, símbolos, etc.) y deben protegerse.

Algunos sonidos y olores de la naturaleza, padres, clases, bailes o primeros besos, son irrecuperables. Los de siegas, trillas, regañinas y la miseria (que también huele), mejor no añorarlos. Pero nos transportan a bellos momentos del pasado.


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