13/06/2020 / 16:18
Antonio Yagüe


Imagenes

Garbanceros

Convertir el apellido en adjetivo es un honor restringido solo a un puñado de grandes escritores como él. Galdosiano es un concepto tan nítido y comprensible como cervantino.


 Se nos cuelan por el maldito virus los fastos del Año Galdós al siglo de su muerte. Los especialistas recomendaban en confinamiento y en vacaciones, la lectura del autor de Episodios Nacionales por la vigencia de su obra. Lo elogian: escritor de la verdad humana, narrador proteico, el más relevante del siglo XIX, un clásico por redescubrir, vivo e incómodo en su día, cima del realismo, caudaloso novelista, dramaturgo y cronista, académico, liberal de izquierdas, apasionado, secreto amante…

Convertir el apellido en adjetivo es un honor restringido solo a un puñado de grandes escritores como él. Galdosiano es un concepto tan nítido y comprensible como cervantino, kafkiano, barojiano u homérico, recogidos todos por la RAE. El escritor también anduvo por estos lares molineses, según contaba Claro Abánades en sus visitas literarias. Antes que Baroja, César Ruano, Camilo José Cela y Gómez de la Serna.

Cierto que, junto a quienes acercan su genio al de Cervantes, otros condenan su realismo tildándolo de rancio y “garbancero”. Este calificativo despectivo fue cosa de escritorzuelos envidiosos de su fama, reforzado por un despechado de Valle-Inclán porque el Teatro Español (del que era director Galdós) había rechazado en 1912 estrenar una obra suya. Escritores esnobistas, como Juan Benet y Umbral, se subieron el siglo pasado a ese carro. 

Seguramente al autor canario no le molestaría el alias, posterior a su  muerte. Garbancero a mucha honra. El garbanzo era durante su vida, el ingrediente básico del cocido, plato espléndido con muchas carnes o humilde con triste col, que comían todos los días los españoles de a pie de entonces y durante la larga posguerra civil. Y de cultivo nacional, no de importación en su mayoría como ahora. Este condumio está presente en toda su obra. Sus personajes aprendían a contar usando garbanzos o judías, se deslomaban trabajando «para defender el garbanzo» o reflexionaban mientras los ponían a remojo.

Asombran los paralelismos descritos en sus Episodios con la situación actual: sectarismo, papanatismo, corrupción, tráfico de influencias, incapacidad de la clase dirigente y fiebre del nacionalismo, disfrazada de cantonalismo. Parecen avalar el tópico de que la historia se repite. Incluso sigue vigente su apodo para colegas, de la prensa y sobre todo de las TV´s, o de cargos políticos serviles que venden a su madre por un plato de garbanzos.


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