Incertidumbre
Ahora estamos en días de trueno, y me refiero a las guerras, malditas sean. Las cosas se han puesto serias para el mundo entero por culpa de inhumanos personajes.
Durante estos últimos días de invierno han pasado algunas cosas agradables: he comido con amigos, ha florecido un jacinto en mi terraza, he conocido a un joven que se llama Aguinaldo, lindo premio de navidad para sus padres; ha amainado la lluvia y ha brillado el sol sobre el césped del Parque del Oeste. He terminado de escribir mi última novela, que creí que ya no podría y sí, he podido… he visto un par de películas estupendas y he contemplado dos puestas de sol maravillosas. El universo se empeña en seguir siendo hermoso a ratos, incluso para los que hemos llegado a una edad insoportable y padecemos un cierto desengaño de lo que la vida nos puede ofrecer a estas alturas, citas médicas mayormente.
Koldo ha llamado a Aldama Ornitorrinco Procesal y de repente he echado de menos a esa animada pandilla del Peugeot que, estando condicional y temporalmente en la trena, aparecen poco en la televisión. Nos hemos perdido sus romances pagados por el contribuyente, sus saunas, pisitos y otras puterías, sus aventuras económicas y desventuras policiales. Sus presuntas fechorías daban para mucha conversación, solo nos queda que los entreviste Iñaki Dominguez y los convierta en una serie-versión política de Macarras Interseculares.
Ahora estamos en días de trueno, y me refiero a las guerras, malditas sean. Las cosas se han puesto serias para el mundo entero por culpa de inhumanos personajes. Trataba de encontrar algo honorable en estas guerras que se van extendiendo por nuestro mundo como una enfermedad purulenta, pero no hay nada de honor en ellas. Cierto que los Ayatolas merecen una lección del resto de la humanidad, pero en el fondo del alma negra de cada uno de los altos o bajos mandatarios hay una ambición personal: Putin mata por las tierras raras, Netanyahu por la franja de Gaza, Trump, como es el más pone, quiere el petróleo, Groenlandia y el premio Nobel de la Paz. Sánchez está muy orgulloso con su No a la Guerra, le gusta parecer bueno esta temporada, Superhéroe (Ana Redondo dixit) y el único pacifista del planeta a excepción de Miss Mundo. La leal oposición cree que busca ventaja electoral y el apoyo de sus socios de ultraizquierda. Es posible, aunque por unos segundos he estado con él y con sus fieles…. Porque ¿quién no ama la paz y no odia la guerra?
Dios, qué incertidumbre.