Lecturas ejemplares

01/03/2026 - 11:52 Marta Velasco

En este invierno de tardes borrascosas he leído novelas pendientes desde el verano y libros antiguos, recordando a mi padre, un gran lector que nos contaba estupendas historias adornadas por él mismo.

Estos pasados días de lluvia que invitan al recogimiento, incitan asimismo al butacón orejero cerca del radiador, a la lectura y a la meditación. Un plan de lectura casi obligatorio, con la lluvia en el cristal, y la tarde borrascosa que se ha puesto de moda este invierno, así que he leído novelas pendientes desde el verano y libros antiguos, recordando a mi padre, un gran lector que nos contaba estupendas historias adornadas por él mismo.

Los días brumosos han ejercido de bálsamo para mi alma, y ha sido un tiempo fructífero desde que llegó el otoño. El primer libro que leí fue el Viaje a Japón de Antonio Bernal, un escritor de mi familia que regala a sus amigos su viaje del año y que, aparte de la cuidadísima encuadernación que es un regalo en sí, nos permite acompañarle en su maravillosa aventura. Un placer total.

Después me atreví con Trilogía de Jon Foss, el Nobel noruego. Literariamente impecable, lo acabé porque es corto, pero es duro de leer incluso con lluvia. Aun así y sabiendo que en este mundo tan frívolo a veces cuesta entender lo sublime, emprendí la lectura de La clase de griego, de Han Kang, la también Nobel de Corea del Sur, adentrándome en un mundo desconocido en todos los sentidos, porque de sentidos se trata. Lo cierto es que me pareció una maravilla.

Por la noche, antes de irme a la cama, leo reiteradamente unas páginas de dos libros, El Infinito en un Junco, de Irene Vallejo, que escribe como yo quisiera saber hacerlo y, últimamente, le doy una vuelta a El Mejor Libro del Mundo, de Manuel Vilas, me gusta el ritmo de su prosa y me divierte cómo habla de sí mismo y de los demás escritores. Es genial.

Y, para terminar, justo el Dia de la Marmota, que anunció más frío, recibí un libro firmado por un alcarreño, Juan Domínguez, que ha compuesto una historia casi real sobre sí mismo y su mundo, con una frescura y una pasión increíbles, y también con dolor. Una primera obra escrita con muy buena mano y con muchos de los genes de su madre, María Antonia Velasco, magnífica escritora seguntina. Llovía, pero ni me enteré. Se llama Os he querido tanto y me ha emocionado muchísimo. No se lo pierdan.