14/02/2021 / 19:59
David Webb / El Cinéfago


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Interstellar: Viaje espacial al centro de las emociones


“El amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y del espacio.”

Asi decía la Dra. Brand (Anne Hathaway) dentro del film, y razón no le falta, pues el noveno film de Christopher Nolan respira un mensaje de amor inconmensurable.

Nos subimos a bordo de la Endurance para abarcar INTERSTELLAR de la manera más íntima y personal, un programa que es como ese agujero negro que te atrapa si decides a entrar y dejarte arrastrar por él.

En esta ocasión volvemos a tener la suerte de contar nuevamente con el gran Alberto Garcia-Salido y con el exclusivo audio comentario del gran Javier Pérez Campos.

Esperamos vuestras impresiones, comentarios, disfruten del viaje.

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EL CINÉFAGO: Me importa un carajo la ciencia 

Una vez escuché a un tipo decir que hoy en día Los Pájaros sería un fracaso, que la gente no aceptaría que no hubiera explicación para todo lo que ocurre.

Vivimos en un mundo que necesita realidad, en el que con demasiada frecuencia caemos en la paradoja de usar esa misma realidad para juzgar una obra de ficción. ¿Es científicamente correcta Interstellar? Dicen que sí, pero francamente, me importa un carajo. 

Puede que Nolan sacase nota con esto de los agujeros negros y tal, pero si ese fue el mérito de su película, la habría visto tantas veces como he visto la estupenda Cosmos de Carl Sagan: ninguna –lo de que es estupenda lo digo de oídas y porque si no has visto algo no vas a ir encima de listo-.

Interstellar es emoción. Y al que no le emocione, no le va a gustar. Así de fácil. Es el pesimismo de un mundo que se muere. La fe de una niña que tiene un fantasma en su cuarto. La fascinación de un padre abrumado por los secretos del universo.

Podríamos decir que Interstellar es minimalista en lo emocional e incluso en su puesta en escena. Sí, tiene imágenes colosales, pero su ritmo no es el de una película que persiga noquear al espectador con montajes vertiginosos o grandes efectos especiales. Sus clímax, y tiene varios a lo largo de toda la historia, son fruto de la intensidad sostenida, de la capacidad de un director para ir hurgándote en las entrañas, tanto si es con una introducción que casi es una película en sí misma y que termina con un padre abandonado a su hija, como si se trata del acoplamiento de dos naves o de una implacable ola gigante que simplemente llega.

Interstellar es un poema visual… Y musical, porque nada funcionaría igual sin la banda sonora de Hans Zimmer. Nunca una película fue tanto de dos personas. Puede que todos los actores estén maravillosos, pero quien ama esta película sabe exactamente dónde está su corazón.

Finalizo como empecé, despreciando el por lo visto exactísimo contenido científico de Interstellar, esa gran obra cinematográfica capaz de devolverme a la infancia y el sobrecogimiento de Encuentros en la tercera fase. Me declaro deliberadamente ignorante de los secretos del universo, pero adoro dejarme llevar por el infinito abanico de posibilidades y aventuras que ofrece.


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