La casita

13/06/2026 - 11:41 Jesús de Andrés

Las chicas ya no quieren bailar pegadas con Sergio Dalma, como el mar con los delfines, sino en la casita del portorriqueño Bad Bunny.

Doce conciertos en España, en apenas unas semanas, que se traducen en la asistencia de medio millón de mujeres –hombres aparte– que han pagado 150 euros como mínimo por ver a su ídolo. De toda clase y condición, como se decía antes. Del artista habrán oído hablar. Si no lo conocen, esta es la media de sus letras: “Te escupo la boca, te jalo el pelo / te doy con el bicho y con el lelo / en el jet privado, un polvo en el cielo / hoy quiero una puta, una modelo”. ¿Les suena a Machado? ¿A Garcilaso? ¿A Gustavo Adolfo Bécquer? Compararlo con la poesía de Quevedo –el poeta, por si hay que explicarlo: “polvo serán, mas polvo enamorado”– puede llegar a ser cruel. Medio millón de mujeres. De lo de la casita también se habrán enterado: la típica zona VIP, el palco de toda la vida, pero con ínfulas de Parador de Teruel y barra libre de hormonas.

Dada la trasversalidad de sus seguidoras, su público amplio (hasta el papa lo recibió), llevamos una semana entera escuchando a feministas justificar su querencia al perreo como acto de libre voluntad cuando de ellas se trata y criticarlo como cosificación cuando afecta a las demás. Lo de la agenda woke ya no cotiza, es tal el desastre social que ha introducido, son tantas las contradicciones que genera, que hasta las más fanáticas están reculando, con perdón. Es el principio de acción y reacción. Cuanto mayor es la bala, mayor el retroceso. Lo dice Newton en su tercera ley.

La sociedad esta hipersexualizada, sí, y ello no tiene nada que ver con el patriarcado ni con la extrema derecha. Tiene que ver con tres cosas: en primer lugar, con la biología; en segundo lugar, con la antropología, es decir, con la cultura, que en gran medida deriva de la anterior; y en tercer lugar con el capitalismo, que se adapta como el agua al recipiente de las dos primeras. Bad Bunny es un macho alfa de libro: joven, guapo, rico y famoso. El sueño de todo Ávalos. Cantar no canta nada, pero a ellas les da igual (biología, cultura y capitalismo, insisto). De hecho, es capaz de dar ocho, diez o doce conciertos seguidos para 60.000 almas, que no se queda sin voz. Es imposible: lo que no puede ser no puede ser, como decía aquel. Bienaventuradas las que habitan la casita porque de ellas es el reino de las redes.