Visitas papales
Antes de la llegada de León XIV a Madrid, España había acogido ocho visitas papales: cinco de Juan Pablo II, tres de Benedicto XVI y ninguna de Francisco. Esta será la novena.
Desde 1982, cuando Juan Pablo II llegó por primera vez, apenas tres días después de que Felipe González ganara las elecciones, hemos tenido 29 años de gobiernos socialistas y catorce y medio de gobiernos del PP. Pues bien, de los 9 viajes del papa, 8 han tenido lugar gobernando el PSOE (1982, 1984, 1989, 1993, 2006, 2010, 2011 y 2026) frente a sólo uno gobernando el PP (2003). Demasiada desviación estadística como para ser atribuida, sin más, a la casualidad.
Hace mucho tiempo que las fumatas en El Vaticano no son blancas o negras: signo de los tiempos, son azules o rojas. Por mucho que tras el último cónclave se soltara una paloma blanca, en los papados de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger debería haberse soltado un martín pescador azul, mientras que en los de Jorge Bergoglio y Robert Prevost el pájaro debería haber sido un cardenal rojo.
Juan Pablo II fue un papa muy político. Gracias a él, en buena medida, Solidaridad adquirió la fuerza moral que acabaría erosionando al régimen de Jaruzelski, contribuyendo al derrumbe del muro de Berlín y a la disolución de la Unión Soviética. Pero en su confusión ideológica, ya que no actuó jamás en nombre de la democracia, y mucho menos de los valores liberales, apoyó a Pinochet e hizo cuanto pudo por acabar con gobiernos socialdemócratas que nada tenían que ver con la URSS, como el de Felipe González. Ratzinger, mano derecha de Wojtyla, siguió sus pasos en tiempos de Zapatero: recuerden sus grandes misas “por las familias”, coincidentes con la puesta en marcha de políticas laicistas (divorcio, reproducción asistida, igualdad, matrimonio entre personas del mismo sexo…).
Cuando llegó Sánchez, el péndulo vaticano había designado a Francisco, un reformador que no hizo reformas (a ver dónde está la mujer en la Iglesia), un populista representante del peronismo más rancio, defensor de los pobres virtuosos en su pobreza, crítico con el progreso capitalista, un Mújica clerical. Y tras Francisco llegó León como tras Chávez llegó Maduro o Díaz-Canel tras Castro. León XIV no viene a reprender a Sánchez, como antaño. Viene a sostenerlo, a ratificarlo, a darle legitimidad, por eso lo recibió en Roma hace unos días y por eso hablará de emigrantes, no de corrupción. Luego cada cual extraerá sus conclusiones y se dejará engañar a su manera, que para eso somos libres, pero ahí están los hechos.