Zona azul

16/05/2026 - 12:17 Jesús de Andrés

Cualquier oportunidad para desacreditar al rival es buena, eso lo sabe hasta el último candidato de la lista.

Será porque se acerca el fin de curso, que siempre trae consigo aroma a ciclo que se acaba, o quizá por la inminencia de las elecciones andaluzas, las últimas de este año antes de las grandes contiendas del próximo -a excepción de las del Real Madrid, que también tienen lo suyo-, el caso es que se nota cierto nerviosismo entre los políticos y sus incondicionales. Alguien debería decirles que dónde van tan pronto, que no tengan prisa, que anda que no queda, pero mucho me temo que esa inquietud, esa angustia, es su medio natural, su pan de cada día.

Cualquier oportunidad para desacreditar al rival es buena, eso lo sabe hasta el último candidato de la lista. Todo vale cuando de sumar apoyos se trata. Desde una dana a un descarrilamiento, pasando por un cribado o un hantavirus, como en el cerdo, hasta los andares. Lo habrán visto estos días: el Ayuntamiento crea nuevas plazas de aparcamiento de pago, la famosa ORA o zona azul, y se organiza una buena. Gobernar es muy difícil, ahí me gustaría ver a muchos. Y muy desagradecido, no lo duden. En este caso, el Ayuntamiento de Guadalajara justifica la ampliación de la zona azul como una necesidad para organizar la movilidad y el aparcamiento de vehículos que, en algunas zonas, sobre todo en el centro, es un problema. La oposición, por su parte, interpreta que la medida se hace con un único afán recaudatorio. Hagan juego: ¿se está ordenando el tráfico o se está privatizando el aparcamiento? Pues depende, pensará más de uno, del color con que se mira, como decía aquella famosa dolora de Ramón de Campoamor. Y no es así exactamente.

Lo lógico, a priori, es que un gobierno de derechas no esté por subir impuestos o poner más tasas, dejando el dinero en manos de los ciudadanos, y que un gobierno de izquierdas esté a favor de regular impositivamente para, con el dinero resultante, llevar a cabo políticas sociales. Esa es la teoría. Luego, la dura realidad, tozuda, pone a cada uno en su lugar: los recursos no llegan, hay que tomar decisiones... Mi truco, para saber hasta qué punto las polémicas son fingidas o no, es dar la vuelta a los actores ¿protestarían los mismos que protestan si la iniciativa fuera de los suyos? ¿Qué opinarían los actuales gobernantes de estar en la oposición? Esa es la cuestión, porque el asunto no va de zonas rojas ni zonas azules, va de algo tan sencillo, y tan complejo, como tomar decisiones que a todos nos afectan. No es el color, es el lugar donde se está.