OTAN no, bases fuera
Pasó su aniversario sin pena ni gloria. Como algo que nadie quiso recordar por resultar incómodo, por no traer buenos recuerdos, por evitar comparar dónde estuvo entonces cada uno y dónde lo está hoy. Como esas fechas que a veces es mejor dejar dormir en el olvido.
Hace cuarenta años del referéndum de la OTAN, celebrado el 12 de marzo de 1986, y nadie lo ha celebrado. Para unos se planteó como una dicotomía: o estábamos con el occidente próspero y civilizado o seguíamos al margen de Europa y sus instituciones. Para otros, siempre con mensajes más fáciles, se trataba de estar con la paz o con los bloques militares. También hubo quienes, ayer como hoy, leyeron el referéndum en clave electoral nacional, ajenos a las complejas relaciones internacionales y al encaje de España en ellas.
Se intuyó desde siempre, pero se ha ido conociendo mejor con el tiempo: detrás de la campaña en contra de la OTAN estuvieron la Unión Soviética y sus tentáculos, los servicios secretos de países como la República Democrática Alemana, Bulgaria o Cuba, atentos a desestabilizar, a impedir la unión económica o defensiva, tanto da, de sus contrincantes en la guerra fría. La URSS financió el “No a la OTAN” como financió también por aquella época el “Nucleares, no gracias”, por no hablar de cosas más serias como el terrorismo que, además de España, azotó a la Europa occidental en los años setenta y ochenta. Rusia, como heredera fiel, ha seguido desestabilizando en todos los procesos electorales que ha podido, apoyando a partidos antisistema de extrema izquierda y de extrema derecha, todo vale, y jugó un papel importante, demostrado está, en el Brexit que sacó al Reino Unido de la Unión Europea.
Paradoja o éxito ruso, Donald Trump ha agarrado la pancarta aquella de “OTAN no, bases fuera” y está dispuesto a reventar la organización atlántica desde dentro y a cerrar las bases, cierre por el que tantos suspiraron durante décadas yendo de romería a Torrejón de Ardoz. Poco importa si Trump es un espía o un loco, si está siendo chantajeado o su admiración por Putin es genuina: lo importante es que se comporta como tal, como un agente ruso dispuesto a reventar Occidente y sus instituciones, la UE en primer lugar. Igual que pone aranceles contraviniendo las leyes del libre mercado, se carga el esquema de seguridad creado tras la Segunda Guerra Mundial. La OTAN es un sistema de confianzas, alianzas y respuestas mutuas que está empeñado en destrozar. Qué contentos deben estar algunos con el apoyo de tan insigne traido.