La 'modelna' mala educación
Las viejas normas de buena educación y cortesía como levantarse de la silla para saludar, dar siempre la mano como en misa, ceder el paso, escuchar, ser cívico… se están quedando obsoletas.
Los tiempos han cambiado hasta el punto de que, como señalan modernos psicólogos, hay hábitos que los mayores creen educados y los más jóvenes no soportan. Incluso los consideran de mala educación.
Explican que esta “brecha educativa generacional” se debe en buena medida al rápido avance de las telecomunicaciones y la inmediatez digital.
A la cabeza figura llamar por teléfono sin avisar (hablan de creciente “telenofobia”, solo wasaps) y no digamos visitar con aquel “pasaba por aquí” que cantaba Aute. Se considera una intromisión. Como subir fotos de nietos, que antes se llevaban en la cartera y se mostraban con orgullo, a las redes sociales.
También se ha quedado demodé comentar la apariencia física con las viejunas “¡Qué delgada estás!”, “Te veo más rellenita”… Antes se entendían como interés, pero hoy se perciben como invasivas.
En las reuniones hoy se valora más escuchar y turnarse en el uso de la palabra que interrumpir o “hablar encima mío” como protesta un amigo. Siempre hay cuñados/as de postín que parecen escucharse a sí mismos y monopolizan las conversaciones. Tampoco se lleva ya tratar de usted a todo el mundo. Los más jóvenes hasta han olvidado el término. Estas fórmulas de cortesía parecen no existir en su vocabulario. Lo que era un “signo de respeto” ha pasado a ser interpretado como una “distancia innecesaria”.
Sanitarios, policías y algunos funcionarios majetes tiran por el camino del medio y, como lo tienen a mano, nos llaman por nuestro nombre. Es respetuoso y resulta halagüeño. Casi como cuando recibimos la alternativa de hombre al oírlo en labios de una mujer, como escribió Machado.