29/05/2020 / 21:23
Jesús de Andrés


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La redención de las provincias

 El 78,6% de los guadalajareños nos identificamos con la provincia y apenas un 2,6% con la artificial autonomía de la que nos hicieron formar parte en su momento.


Casi sin darnos cuenta hemos pasado del confinamiento extremo de los primeros días al desconfinamiento por fases, y según avanzan las semanas, conforme se alivia la presión y quedan atrás los peores días, regresamos a la crispación, que es lo nuestro. No se habla apenas de lo verdaderamente importante, de qué hacer con el sector automovilístico (en el que el cierre de Nissan es el último capítulo) o cómo repartir los más de 140.000 millones aprobados por la UE para España entre ayudas y créditos. Aquí decretamos luto nacional para atizarnos con el palo de la bandera y discutir sobre el honor de la Guardia Civil o el pasado aristocrático o terrorista de los antecesores de nuestros diputados, mientras jueces, cargos de confianza y portavoces políticos, todos ellos inflamados de ideología, se arrojan los trastos a la cabeza.

Como no merece la pena insistir en ello, trataré sobre algo que quizá esté pasando desapercibido pero que se ha consolidado en las últimas semanas: la revalidación del modelo provincial como forma de organización territorial. En un momento en el que el Gobierno central ha limitado el poder de las comunidades autónomas, las provincias han recobrado un protagonismo que, si bien nunca han perdido, siempre se ha visto amenazado por los cantonalismos autonómicos fomentados en las últimas décadas. La provincia ha sido la unidad de medida para la gestión sanitaria y también para la gradualidad de las distintas fases. Y no dejan de llamar la atención, mientras sigue prohibido traspasar el límite provincial salvo en casos debidamente justificados, solicitudes como las de García Page para que se amplíe el tránsito interprovincial dentro de una misma autonomía. ¿Por qué entre Cuenca y Guadalajara -la única posible para nosotros- y no con Soria o Teruel? Respondan ustedes mismos.

Este fin de semana debiera haberse celebrado el día de Castilla-La Mancha en Guadalajara. Su suspensión, debida al covid-19, tiene todos los elementos de un augurio. Hace apenas unos días conocíamos el dato de que Guadalajara es la provincia menos identificada con su comunidad autónoma. El 78,6% de los guadalajareños nos identificamos con la provincia y apenas un 2,6% con la artificial autonomía de la que nos hicieron formar parte en su momento. Ante los males que aquejaban a la sociedad española en los años veinte del siglo pasado, defectos atribuibles a sus individuos y a sus formas de convivencia, Ortega y Gasset apostó, en el libro que da título a este artículo, por las provincias como elemento de descentralización una vez sustituido el provincianismo por el provincialismo. Hoy, la nueva descentralización que acerque la administración a los ciudadanos debe realizarse desde unas autonomías que han demostrado sobradamente sus límites, sus carencias de legitimidad y su absurda justificación. La desescalada autonómica. Cuánto mejor nos iría.


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