Las 13 borrascas que ha soportado el campo y que han provocado la pérdida de 2.000 hectáreas de maíz
El campo de Guadalajara lleva semanas mirando al cielo sin descanso. Desde comienzos de invierno, una sucesión casi continua de temporales ha ido empapando la provincia hasta saturar los suelos, desbordar ríos y someter a las vegas agrícolas a una presión constante. A esa lluvia persistente se ha sumado además la carga hidráulica derivada de los desembalses necesarios en pantanos como los embalses de Alcorlo y Beleña, que han añadido más caudal a cauces ya al límite.

Lo que el 4 de febrero eran advertencias se ha convertido, a 16 de febrero, en una imagen cotidiana: parcelas anegadas, cosechas paralizadas y unas 2.000 hectáreas de maíz en riesgo real de perderse en las vegas del Henares, del Bornova, del Atance y del Aliendre.
No ha sido un episodio aislado. Ha sido un goteo constante. Primero llegaron Claudia, Davide y Emilia, que cerraron diciembre con suelos ya encharcados; después Francis remató el cambio de año; enero apenas dio respiro con Goretti y Harry, seguidas casi sin tregua por Ingrid, Joseph y Kristin; y cuando parecía que el terreno podría drenar, febrero encadenó Leonardo, Marta, Nils y Oriana. Trece borrascas consecutivas que explican por sí solas por qué el campo ha llegado al límite: cada frente caía sobre el anterior, sin margen para secar la tierra ni meter las cosechadoras.
Las vegas, por momentos, parecen lagunas. El agua se queda días estancada, deja barro cuando baja y debilita el grano aún en pie. En Yunquera de Henares, por ejemplo, han bastado 125 litros por metro cuadrado en cuatro semanas para repetir daños similares a los del año pasado, cuando hicieron falta casi 200. La diferencia, sostienen los agricultores, está en cómo se gestiona esa agua acumulada.
Desde la APAG (Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos de Guadalajara) llevaban días avisando. El 3 de febrero solicitaron una reunión urgente con la subdelegación del Gobierno porque los aforos ya marcaban cifras elevadas: 75 m³/segundo en el azud de Humanes, 62 en Alcalá, 50 en el Tajo a su paso por Trillo y 37 en el Jarama en Matallana. “No queremos que vuelva a ocurrir lo del año pasado; este año sería una catástrofe mayor, estando el maíz sin cosechar”, advertía el secretario general de APAG, Juan José Laso. El 4 de febrero trasladaron formalmente esa preocupación a la subdelegada, Susana Cabellos, para reclamar coordinación y previsión en los desembalses.
Al día siguiente, el Henares alcanzó el umbral rojo. Había 25 avisos hidrológicos activos en las provincias de Cuenca, Toledo y Guadalajara y cuatro presas soltando agua. Imágenes grabadas con dron por Michel Velasco para APAG entre Humanes y Alarilla mostraban campos convertidos en balsas. Según los datos de APAG, entre el 27 de enero y el 2 de febrero apenas se soltaron 5 m³/segundo; del 2 al 4, 34; la madrugada del 5 se pasó a 104; y esa noche se liberaron 216.000 metros cúbicos en solo seis horas, rompiendo diques y arruinando cultivos. Los regantes sostienen que, con la previsión meteorológica existente, se podría haber optado por sueltas progresivas —25 o 50 m³/segundo durante varios días— para evitar avenidas bruscas.
El presidente de la organización, Juan José Laso, resume la angustia del sector:
“Nos preocupa seriamente el retraso en la cosecha y también la calidad de ese grano. Va a haber contaminaciones por hongos y ya veremos cómo salen esos granos”.
Y añade otra preocupación: el retraso en las siembras de cebada y guisantes empieza a ser preocupante y cada día perdido es dinero que no se recupera. Sobre los pantanos, es aún más claro: “A estas alturas el maíz ya está muy debilitado y el agua va a provocar que se vaya al suelo. En algunas zonas las pérdidas pueden ser totales, al cien por cien. Todo va a depender del sistema que utilicen a la hora de soltar los pantanos”. Para Laso, el problema no es solo la lluvia: “Los cauces hay que dragarlos, limpiarlos y eliminar la vegetación que sobra. No por exceso de agua, sino porque no hay cauce”, en referencia a la gestión de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT).
En Jadraque, su alcalde, Héctor Gregorio, recuerda que el episodio estaba anunciado:
“Hace algo más de dos semanas se comunicó y se advirtió de lo que podía suceder, los niveles de los pantanos y los pronósticos de lluvias avisaban, y no fallaron. Finalmente, ha ocurrido”.
Reconoce que se ha mejorado la gestión, pero no lo suficiente: el paraje de Fabriqueros y el Paseo del Río han sido arrasados por tercer año consecutivo. Para un municipio pequeño, dice, eso supone “un esfuerzo económico y humano enorme”. Defiende la coordinación entre administraciones, pero insiste en que con un clima cada vez más agresivo hacen falta medidas estructurales.
A 16 de febrero, la tierra sigue sin secarse. Dos campañas consecutivas con daños ya no parecen una excepción, sino una advertencia. Tras trece borrascas y desembalses acelerados, los agricultores piden lo básico: cauces limpios, planificación y anticipación. Porque, como repiten, su modo de vida depende de ello.

