Las escritoras olvidadas de Guadalajara


La primera de ellas se llamaba Hafsa, y nació en la capital de la provincia en el siglo X. Sin embargo, no es la única escritora de la ciudad en aquellas décadas, pues tenemos el lujo de contar con otra de igual o mayor valía: Umm Al-Al.

La provincia de Guadalajara tiene una interesante relación con la literatura. El mismísimo poema del Mío Cid narra las hazañas del héroe castellano por varios lugares de la sierra y el Henares. También contamos con el indomable arcipreste de Hita, que intentó explicarnos, con bastante retranca, lo que es el amor, y los peligros que entraña para los más incautos. No podemos olvidarnos tampoco del marqués de Santillana, que lo mismo te daba lecciones de moral que te contaba sus fantasías eróticas con las serranas, algo que habría escandalizado a la incorruptible Santa Teresa de Jesús, que escribió algunas de sus obras desde Pastrana. Tan literaria es nuestra tierra, que dio al mundo al gran dramaturgo Buero Vallejo, e inspiró a José Luis Sampedro para crear una conmovedora obra de arte inmortalizando en una novela a los gancheros del Tajo. Con la misma inquietud se acercó por aquí Camilo José Cela para recorrerla y contarle a todo el mundo eso de que “La Alcarria es un hermoso país al que la gente no le da la gana ir”. Palabra de premio Nobel, aunque afortunadamente las cosas han cambiado, y la gente ya va viniendo, y repitiendo.

Pero, sorprendentemente, cuando hacemos la lista de los grandes escritores de Guadalajara, siempre nos dejamos a dos. Seguro que sus nombres ni les suenan. Claro, porque formaban parte de esa Wad-al-Hayara musulmana que a veces se nos olvida considerar como nuestra. Además, eran mujeres, así que, por un motivo, por otro, o por ambos, la Historia tradicional ha tendido a ignorarlas, con el resultado de que apenas nadie las conoce. Pero nunca es tarde para enmendar el error, hacer justicia, y sumarlas a los nombres que comentábamos al principio.

La primera de ellas se llamaba Hafsa, y nació en la capital de la provincia en el siglo X. Poco sabemos de ella, más allá de que era considerada una mujer sabia, y posiblemente de muy buena posición social ¿por qué decimos esto? De los pocos fragmentos de la obra de Hafsa que se conservan hay uno en el que habla (y nada bien) de sus esclavos. También sabemos que era una mujer con mucha confianza en sí misma, sobre todo en asuntos amorosos “Tengo un amante a quien no gusta hacer reproches / Y, cuando lo dejé, de orgullo se llenó y me dijo / ¿Has visto a alguien semejante a mí? / Y yo también le he preguntado / ¡Y has encontrado tu a quién me haga sombra!”. Pero luego, claro está, cuando no estaba enfadada con sus esclavos ni con sus amantes nos dejaba ver su cara más sentimental “¡Que soledad sin mis amigos! / ¡Que soledad constante! / ¡Oh, noche en que les dije adiós! / ¡Noche terrible!”.

Cerámica árabe de Guadalajara, contemporánea de nuestras poetisas.

Es posible que Hafsa sea la poetisa más antigua de Guadalajara, pues hace nada menos que mil años de esos poemas. Sin embargo, no es la única escritora de la ciudad en aquellas décadas, pues tenemos el lujo de contar con otra de igual o mayor valía: Umm Al-Ala, una mujer de origen bereber que nació aquí en el siglo XI. Si, ha leído usted bien: esta escritora era de Guadalajara y bereber. Las dos cosas. Esto se debe a que durante la conquista musulmana de la península ibérica estas tierras fueron asignadas por los árabes a contingentes de población bereber para que las gobernasen. Los bereberes eran grupos tribales del norte de África en los que había mucha igualdad, tanto entre ricos y pobres, como entre hombres y mujeres. Esta forma de entender la sociedad permitió que aparecieran en su seno las llamadas “mujeres sabias” de al-Andalus, entre las cuales destaca nuestra Umm Al-Ala, que fue un auténtico orgullo para los vecinos de la Guadalajara de la época. En este fragmento podemos verla completamente enamorada “Es bueno todo lo que surge de vos / y con vuestra nobleza se engalana este tiempo / los ojos tienden a miraros / se alegran los oídos si escuchan vuestro nombre / y quien vive sin vos, vive engañado”. Desconocemos quien es el hombre que inspiró este poema, pero espero que supiera apreciarlo, porque de lo contrario le podría pasar como a este anónimo amante canoso que no debió de portarse bien con ella: “No te muestres, aurora, junto a mí / la noche no se queda cuando viene el alba / No con astucias engañan las canas al amor / así que escucha mi consejo / No seas el más necio de los hombres / viviendo en la ignorancia, como sueles”. Y es que Umm Al-Ala iba sobrada de amantes y de buenas fiestas, como nos dice ella misma “Si no fuera porque el vino / es viral del amor y el canto / juntaría sus copas y reuniría / todas las causas del deseo”.  Claro está, que el abuso de las fiestas y del vino suele ir asociado con excesos y, a veces, con problemas con la autoridad, así que no nos extraña nada que otro de los poemas de nuestra poetisa arriacense sea precisamente uno que apela a la nobleza de un caballero confiando en su perdón ¿sería acaso el jefe de la policía local, que la encontró ebria haciendo lo que no debía por la calle? Quien sabe…

Mujeres en al-Andalus.

   Poco más se ha conservado de estas dos poetisas olvidadas, pero creo que es hora de reclamar su legado, porque ellas nos hablan de una Guadalajara de hace nada menos que mil años que era un maravilloso centro cultural, donde las mujeres podían gozar libremente de la vida, del amor y de los excesos, y hablar sobre ello con la elegancia propia de los grandes literatos. Unas mujeres que, además de disfrutar de la vida a su manera, eran respetadas por todos por su intelecto y su erudición, y no por ser madres o esposas. Esto puede sonar trivial, pero se han tardado unos cuantos siglos en volver a estar ahí, lo que nos demuestra que esa parte de nuestra historia, la andalusí, tiene muchas lecciones que enseñarnos.