Las Ferias de Guadalajara en 1877
Septiembre es el mes de las Ferias y Fiestas en Guadalajara. Pero no siempre ha sido así. El origen de estas celebraciones en nuestra ciudad hay que buscarlo en la Edad Media, cuando el rey Alfonso X el Sabio concedió a Guadalajara el privilegio de su primera feria en 1253.
Esta feria se celebraba durante la Pascua de Resurrección, en primavera, y tenía un carácter eminentemente comercial, donde se reunían vendedores y compradores de distintos puntos para celebrar un evento que estaba amenizado por música y otras actividades lúdicas. Aunque se podían comprar gran cantidad de artículos distintos, era sobre todo el ganado el que tenía una mayor importancia. Solo podían celebrar estas ferias las ciudades o villas que hubieran recibido el privilegio del rey para que se llevaran a cabo una vez al año.
Poco tiempo después, en 1260, el mismo monarca otorgó a Guadalajara otro privilegio para que se pudiera celebrar una feria adicional por San Lucas, cuya festividad es el 18 de octubre. De este modo, Guadalajara cobró importancia al poder celebrar dos ferias al año.
Con el paso del tiempo se produjeron cambios, como el realizado en el siglo XIX, cuando se fijó una única feria anual que era celebrada en septiembre. Parece ser que esta nueva fecha no tuvo mucho éxito, por lo que en 1877 el Ayuntamiento decidió trasladar de nuevo la fecha a octubre para hacerla coincidir con el final de las tareas agrícolas del verano, lo cual facilitaría la participación no solo de los guadalajareños, sino también de los habitantes de pueblos cercanos.
Cartel con el programa de las fiestas de 1877.
Y precisamente para ese año de 1877 se preparó un programa lleno de actividades que fue anunciado en el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara para que la información llegara a la mayor cantidad de gente posible. En esta ocasión, la feria tendría lugar del 14 al 17 de octubre. El primer día de feria se anunciaba el inicio de la misma a través de multitud de voladores (cohetes) a las seis de la mañana. Por la tarde hubo una corrida de toros y novillos embolados, acabando el día con una función de teatro.
El día 15 fue el turno de los ingenieros militares, pues por la tarde el Parque de la Concordia estuvo amenizado por la Banda de Música del Primer Regimiento de Ingenieros. Y es que durante el siglo XIX y la segunda década del XX, la Academia de Ingenieros Militares estaba ubicada en el palacio de Montesclaros, enfrente del palacio del Infantado y al lado de la iglesia de los Remedios. Además, en el paseo se colocaron dos cucañas con premios para los más atrevidos. Por la noche la fachada de la Casa Consistorial fue iluminada, y mientras el público se deleitaba con esta iluminación, podía disfrutar de la música que ofrecía una banda contratada para ello. Después, una nueva función de teatro.
El día 16 hubo un concurso de ganado. Se premiaban varios aspectos, como las mejores mulas o bueyes que labraban en la provincia, o las mejores reses vacunas, cabrías, de cerda o lanares que hubieran nacido o hubieran sido recriadas en la provincia. Se otorgaron tres premios: 300 reales para el primer puesto, 200 reales para el segundo, y 100 para el tercero. Los ganadores fueron Víctor de Garay, Félix Medrano y Luis Sigüenza, vecino este último de Lupiana.
Privilegio rodado de Alfonso X concediendo a Guadalajara dos ferias anuales en 1260.
Por la tarde vino lo mejor: una gran función de fuegos artificiales que incluía, entre otros elementos, rosas y estrellas de colores, fuegos chinescos, salamandras, serpientes, abanicos, globos diabólicos, coronas laureadas o una gran decoración de arquitectura gótica. Sin duda, el espectáculo tuvo que dejar a los espectadores boquiabiertos. Fue precisamente en el siglo XIX cuando los fuegos artificiales pasaron de ser un entretenimiento de la nobleza y la monarquía a incluirse dentro de los festejos populares al democratizarse su coste.
La feria terminó el día 17 con una banda de música instalada en el Parque de la Concordia por la tarde, y una función lírico-dramática por la noche. Además, durante los días que duró la feria se abrieron al público edificios privados e institucionales para que pudieran ser visitados por todos aquellos interesados. De esta forma, se pudieron conocer el palacio y el panteón de los duques del Infantado, la Casa de la Maternidad, el Hospital Civil y el Museo Provincial.