09/08/2019 / 12:34
Jesús de Andrés


Imagenes

Lluvia fina

Es el momento de clavar el diente a esa novela clásica que nunca se leyó o que se quiere releer.


Cuando llueve mansamente y sin parar, como decía Cela en su Mazurca, la tierra se torna del color del cielo, entre verde y gris ceniciento, se hace fértil y fecunda. Puede comprobarlo quien visite el museo dedicado al escritor en Iria Flavia, parroquia de Padrón, su lugar de nacimiento. Incluso en agosto, ese mes que nosotros asociamos al amarillo del rastrojo después de la siega, a la sequedad del campo, en aquel lugar llueve sin ganas pero con infinita paciencia. Llovizna, calabobos que aquí decimos, intermitente pero constante, que moja sin darnos cuenta, tenaz chirimiri que acaba empapándonos.

Así ocurre con la lectura, actividad que tendemos a practicar más en verano por aquello de que aparentemente tenemos más tiempo. Es cierto que hay quien, dependiendo de las expectativas, aprovecha estas fechas para ponerse al día o al menos completar la lista prevista. Es el momento de clavar el diente a esa novela clásica que nunca se leyó o que se quiere releer. Es tiempo de disfrutar de un autor postergado o de la última novedad literaria. Yo estoy enfrascado en la reciente novela del gallego Domingo Villar, El ultimo barco, que durante años se ha hecho esperar. No pude ir a su presentación en el certamen Guadalajara en Negro, el pasado junio, por coincidir con el Viaje a la Alcarria de Google en la Diputación, pero sigo al autor desde que hace años se inició con Ojos de agua. En mi mochila, además, Un caballero en Moscú, de Amor Towles, la historia de un noble condenado a muerte por los bolcheviques que, sin embargo, esquiva su muerte gracias a un poema subversivo escrito años antes y es condenado a vivir de por vida en el hotel Metropol. Además, una novela a la que tenía ganas hace tiempo, Las hogueras, con la que Concha Alos ganó el Premio Planeta en 1964, cuando de verdad era el Premio Planeta. Y como bonus optimista El cuento de la criada, de la canadiense Margaret Atwood, una historia distópica escrita en 1984 y ubicada en una sociedad en la que un grupo político ultrarreligioso se hace con el poder en los Estados Unidos, suprime derechos y libertades y recluye a las mujeres, relegándolas a funciones reproductivas. Quizá les suene por la serie de Netflix, o por la actualidad de los telediarios.

Dice la prensa que el mes de julio ha sido el más cálido desde que hacemos mediciones, allá por el siglo XIX. No dejen que se seque el árbol de los libros. No se limiten a una chupa de agua en agosto, lean todo el año. No pasa nada por no leer, pero le pasarán muchas cosas buenas si lo hace. Que el saber profundo de la literatura cale en nosotros como una lluvia fina, esa que crea ríos caudalosos.


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