10/09/2021 / 10:45
Javier Sanz


Imagenes

Lo del obispo

El revuelo por lo del prelado de Solsona no es sino la zángana amnesia de una sociedad que se echó a la bartola a finales del XX con la barriga llena y ya no lee a los clásicos. 


Como una noticia de revista de piscina donde se apoya el tinto de verano y no pasa nada se ha colado el cese en su actividad del obispo de Solsona, un tal Xavier Novell de mirada confusa que se ciñó la mitra de frente a colodrillo apenas cumplidos los cuarenta, que ya es precocidad. La causa, al parecer, es una interferencia, la de una novelista de asunto erótico-satánico que firma Silvia Caballol y a quien le interesan los asuntos entre el bien y el mal, desde Santurce a Bilbao, ida y vuelta. Esta España rociíta se ha hecho cruces a falta de hacerse otra cosa, como si la aventura del prelado solsonense fuera la primera, cuando las tierras nuestras vieron jugar hasta tres hijos del cardenal Mendoza, hace ya seis siglos y pico.

La moral española ha sido cosa más de bragueta que de cartera, no en vano este público ibérico disfruta del chisme aunque le guinden las horas extras y las guardias en el curro y le sangren con el IVA, incluso saca barrera de sombra antes que tendido de sol y se fuma una faria deleitándose de lo que por el ruedo rueda con estrépito de charanga. Gira y gira el espectáculo en espiral concéntrica que conduce hasta la boca de riego donde se levanta una horca para ajusticiar al muñeco, y allí se produce el éxtasis, hasta que echan otro burel del hierro Vasile o de Roures, cada uno en su encaste, sin despreciar ganaderías emergentes que alguna vez pegan el campanillazo y se llevan hasta el centro al último listo.

El revuelo por lo del prelado de Solsona no es sino la zángana amnesia de una sociedad que se echó a la bartola a finales del XX con la barriga llena y ya no lee a los clásicos y si los lee es por encima cuando puede saltar de curso hasta con más suspensos que aprobados por capricho de la Isabel del tablao de Sánchez. Tanto había en nuestra literatura, y no sólo del Siglo de Oro, que le dio a Pepe Esteban para marcarse un “Refranero anticlerical” en el Reino de Cordelia donde entraban y salían como del metro de Sol todo corte y color de hábitos y sotanas con la etiqueta de cada factoría y por su siglo, lo cual no empañó orden ni concierto de la historia de este país que ahora se despierta con un obispo en boca de las alcachofas de cincuenta emisoras que juegan al gua.  

La mía es ciudad y tierra de obispos en la que se recuerda su entrada bajo lluvia de papelillos de cien colores y sobre alfombra de serrines de otros tantos una vez son descabalgados de una mula blanca que se aparca en la puerta de Guadalajara, umbral de la calle de Mendoza, el mencionado obispo de esta diócesis, y de otras, cuya memoria es hoy una etiqueta de brandy. Hace cuatro días que se lacró el Minguella, y Sigüenza no se quedó ni en Castel Gandolfo cuando todavía disfrutaba del Museo del ilustrado Laureano Castán, que no paró de viajar al Ministerio de Industria para traerse una fábrica, como un día me recordó su chófer Paco en la conserjería de un zaguán de oficinas del INI en la calle Serrano. Los obispos seguntinos suelen ser recordados por sus mecenazgos de arte y de vez en cuando se les exhuma para reivindicar una alameda, un balcón o una esquina que se sujeta contra el aire, también una universidad cerrada o un seminario que lo mismo, y es que en tan breve lugar no hubo cacho suficiente para nobleza y episcopado, ganando el clero por la mano para quedarse con la exclusiva de ganarse un sitio en las guías locales cinco siglos después.

Mi amigo Pérez Mateos me describía gráficamente el prototipo en frase de cinco líneas: “un obispo es una trayectoria” y así parece. Se dan al gobierno como catedráticos y generales, con báculo de hierro forrado en plata fina y su reflejo totémico indica disciplina vía obediencia. En la penúltima función a la que asistí, en el instante de autonombrarse el mitrado oficiante con un “indigno siervo tuyo” se escuchó en el banco de atrás, bajo y claro: “exactamente”. La retranca castellana, vamos. El obispo de Solsona, ex, y la escritora Caballol serán tema de falla y carnaval mientras baja la incidencia y sube la factura de la luz como si la llevara Roglic de dorsal. Que se vaya preparando el siguiente, por favor. Pasen y vean.  


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