28/02/2021 / 12:45
Araceli Martínez Esteban /Doctoranda UAH en Estudios Interdisciplinares de Género y exdirectora del Instituto de la Mujer en CLM


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Luisa de Medrano, una referente global

Una forma de hacer justicia histórica fue dar su nombre al premio internacional a la igualdad que ha convocado el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha entre 2016 y 2020.


En estos tiempos de insoportable polarización política, si hay que algo que no se discute ni a izquierdas ni a derechas es la necesidad de visibilizar referentes femeninos para avanzar con firmeza hacia la igualdad entre mujeres y hombres. Sirva de ejemplo la reciente conmemoración del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, fecha en la que hemos reivindicado los logros de mujeres científicas para motivar a las chicas a que sigan sus pasos. Lo mismo ocurre con otras profesiones en las que la presencia de mujeres se encuentra subrepresentada, como es el caso de las Fuerzas Armadas, sintiéndonos todas orgullosas cuando una mujer conquista espacios hasta ahora inexplorados, como el ascender a general. 

Laurear a grandes personajes -en ocasiones contemporáneos y las más de las veces pertenecientes al pasado- es una constante histórica. Los héroes, los guerreros, los conquistadores, los hombres de estado, los científicos, los artistas, los aventureros… todos insignes varones. Quitando honrosas excepciones, no hay más que echar un vistazo al callejero, a los monumentos o a los libros para percatarnos de que las mujeres parecieran estar ausentes de la historia o cuando aparecen fuera para ratificar la irregularidad que confirma la regla.

Quien me conoce sabe que, siguiendo las propuestas de la acreditada historiadora francesa Françoise Thébaud, huyo de la victimización de la situación antes relatada, pues esa posición nos estanca y, consiguientemente, nos aleja de la búsqueda de soluciones al problema que estamos planteando, que es la escasez de referentes en los que las mujeres y niñas puedan verse reflejadas. 

En este sentido, igual de poco sentido tiene reescribir la historia y generar discursos forzados en torno a las mujeres, como negarse a realizar una relectura de la misma que favorezca que las preguntas no se formulen exclusivamente en masculino. En definitiva, no se trata de crear una historia paralela, sino de asumir una nueva manera de leer el pasado que no oculte y no victimice, sin confrontación entre sexos ni complementariedad.

Por todo ello, a diez jornadas del Día Internacional de las Mujeres, me parece oportuno recordar a Luisa de Medrano. En la vindicación de esta sección publicada el 4 de diciembre de 2020, dedicada a Las comuneras, nos referimos a ella: «atencina de nacimiento, esta mujer de enigmática vida fue posiblemente la primera fémina que ocupó una cátedra de universidad, en concreto la de Salamanca (en la que su hermano Luis llegó a ser rector), situación excepcional pues, salvo unas pocas privilegiadas, las mujeres tenían vedado el acceso a la sabiduría en general y mucho más a las universidades. Admirada por su erudición, Lucio Marineo Sículo, catedrático primero e instructor de los jóvenes nobles de la corte después, atribuía a Luisa “diligencia y aplicación no la lana sino el libro; no el huso sino la pluma; no la aguja sino el estilo”».

Dicho lo anterior, creo que podremos convenir que Luisa de Medrano reúne las condiciones para ser una referente global, así como que una forma de hacerle justicia histórica fue dar su nombre al premio internacional a la igualdad que ha convocado el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha entre 2016 y 2020. Además, no hay por qué ocultarlo, la evocación de una mujer de Guadalajara, justamente la provincia que menos se identifica con el proyecto autonómico, recorriendo Castilla-La Mancha también es un camino para hacer región.

    Su figura, junto con la de otras mujeres cuyas semblanzas apenas estamos empezando a descubrir, nos permite explicarnos a través del tiempo, pero también, y esto es crucial, nos ha brindado la ocasión de reconocer a referencias actuales que por su trayectoria, compromiso y autoridad moral y académica en el campo de la igualdad han contribuido decididamente a que nuestra sociedad sea mejor. 

Así, el «Luisa de Medrano» ha sido concedido a personajes de la talla de la socióloga mexicana Marcela Lagarde, fraguadora de conceptos como sororidad o feminicidio; Carlota Bustelo, la primera directora del Instituto de la Mujer de España; Miguel Lorente, forense experto en violencia de género y  ejemplo de cómo edificar una masculinidad más igualitaria; la filósofa Amelia Valcárcel, cuya voz es más necesaria que nunca en estos momentos en los que hay quienes se creen con la prerrogativa de reinventarse cada día un feminismo a medida; y Soledad Cazorla, la primera fiscal de sala contra la violencia sobre la mujer, que recibió el premio a título póstumo en 2016, queriendo su familia que el dinero del mismo fuera destinado al Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla Prieto, creado ese mismo año para ayudar a las hijas e hijos de las mujeres víctimas de la violencia de género.

En fin, como nos exhorta Pilar Ballarín, catedrática de Teoría e Historia de la Educación, sin memoria no hay futuro y la memoria es poder para seguir transformando el mundo.


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