27/08/2021 / 18:50
Jesús de Andrés


Imagenes

Mal Menor

Coincide en el diagnóstico toda la comunidad científica (biólogos, investigadores, universidades…): o se detiene el vertido de nitratos o el Mar Menor será en breve un nuevo Mar Muerto.


Lo ocurrido este mes de agosto en el Mar Menor no ha sido casualidad. Desde hace años, con la pasividad -incluso complicidad- de las autoridades murcianas, la cosa ha ido a peor. En 2016 la laguna salada se convertía en una sopa verde debido a la proliferación de algas, perdiendo el 85% de su vegetación. Tras analizar las causas, se determinó que fue originada por el exceso de vertidos de nitratos y fosfatos provenientes de las explotaciones agrícolas. Estas, lejos de frenarse, continuaron su marcha ascendente, bien regadas por el agua del Tajo llegada a través del trasvase. En 2019 la gota fría arrastró sedimentos provenientes de las zonas agrícolas, provocando un fenómeno de anoxia, esto es, falta de oxígeno en el agua, que provocó la muerte de miles de peces. Este año se ha vuelto a repetir la anoxia, con la particularidad de que lo ha hecho en pleno mes de agosto, en una temporada turística que intentaba recuperar lo perdido por la pandemia. De nuevo miles de peces muertos, aguas putrefactas y mal olor que indignan a los vecinos y alejan a los visitantes. Si no se hizo nada por remediar las causas, lo lógico es que su efecto se haya repetido y que se siga repitiendo en el futuro.

Coincide en el diagnóstico toda la comunidad científica (biólogos, investigadores, universidades…): o se detiene el vertido de nitratos o el Mar Menor será en breve un nuevo Mar Muerto, una charca sin depurar, el inodoro de la región. Frente a la evidencia, las autoridades murcianas se enrocan en negar la mayor y pedir nuevas competencias autonómicas para, según ellos, resolver el problema sin que afecte a los culpables, que no son otros que las grandes empresas agrícolas que, desde hace décadas, se aprovechan del expolio de sus tierras y del agua de otros para su enriquecimiento. Las movilizaciones populistas para mantener el saqueo que supone el trasvase Tajo-Segura ocultan la verdad: el trasvase está siendo un genocidio medioambiental, además de una injusticia social. Murcia ha pasado en las últimas décadas de tener poco más de un 10% de cultivos de regadío a superar el 60%. Esa agricultura industrial, dependiente del trasvase, apoyada en los agrotóxicos, es la que provoca la contaminación de las aguas subterráneas y superficiales.

La solución no es la que pretende el lehendakari murciano, quien en lugar de usar sus competencias y evitar los vertidos pretende más poder para abrir el Mar Menor al Mediterráneo, lo cual supondría una debacle ecológica, sino plantear la necesidad de acabar con una aberración como es el trasvase. El desastre en que han convertido al Mar Menor será un mal menor si finalmente la sociedad murciana entiende que los grandes perjudicados, además de a quienes roban el agua, son ellos.


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